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Regreso de la Muerta: La Venganza de Cecilia romance Capítulo 909

—¿Qué es una esposa? —preguntó Leandro, rascándose la cabeza, confundido.

—Es la mujer que te dará hijos y que se quedará a tu lado toda la vida.

Leandro dio unos saltos de emoción.

—¡Sí! ¡Sí! ¡Qué bien! ¡Quiero una esposa! ¡Quiero que la señorita Cici sea mi esposa!

—En ese caso, tienes que hacerle caso a mamá. Voy a preparar la boda ahora mismo, y en cuanto termine la ceremonia, la señorita Cici será tu esposa.

—¡Yupi, yupi! ¡Voy a tener una esposa! ¡Voy a tener una esposa! —celebró Leandro, empezando a correr en círculos alrededor de Cecilia, mareándola.

Valeria tenía pensado celebrar el matrimonio allí mismo, en la casa. El gran salón ya estaba decorado para la ocasión; era evidente que la mujer llevaba tiempo planeándolo.

Obligaron a Leandro a ponerse un traje y, a simple vista, la verdad es que lucía bastante apuesto. Físicamente compartía muchos rasgos con Saúl.

En su juventud, Valeria había sido considerada una belleza despampanante, y la familia de Cristian tenía sangre extranjera. Era lógico que el hijo de ambos tuviera buen porte.

—¡Je, je, ya tengo esposa! ¡Ya tengo esposa! —exclamó Leandro, con una sonrisa tonta dibujada en la cara.

En el momento en que abrió la boca, todo el encanto de aquel traje elegante se fue a la basura.

—Cecilia, dadas las circunstancias, vamos a hacer una ceremonia sencilla —indicó Valeria—. Ustedes dos se hincarán frente a mí para pedir mi bendición, y con eso bastará.

Con la ayuda de las empleadas, Leandro se hincó. Cecilia se rehusaba a hacerlo, pero no tuvo alternativa.

Una de las mujeres le dio un leve golpe detrás de la rodilla, y sus piernas cedieron al instante. Luego, le empujaron la cabeza hacia abajo, forzándola a arrodillarse junto a Leandro.

Leandro le ofreció una copa a Valeria a modo de brindis. Ella le dio un sorbo con una gran sonrisa y la dejó a un lado.

—A partir de este momento, ya son marido y mujer. Espero que se apoyen siempre, en las buenas y en las malas —declaró Valeria, complacida.

—Joven Leandro, agradézcale a su mamá —le sopló Mercedes, la sirvienta, en voz baja.

—¡Gracias, mamá! —repitió Leandro con su habitual tono infantil.

—Señora, le toca a usted agradecerle —le indicó Mercedes a Cecilia.

Cecilia se mordió el labio y mantuvo un silencio sepulcral.

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