Sin importarle la cara de desconcierto de Mónica, Cecilia caminó hacia ellas.
—Se equivocan. ¡La ropa que lleva puesta es de Estudio Cobalto! ¡No es piratería! —intervino Cecilia.
Berta, que no sabía ni dónde meterse, ¡vio cómo Cecilia llegaba a defenderla!
—Uy, me imagino que te pagó para que vinieras a defenderla. ¡Esa ropa de paca se nota a leguas! ¿Estudio Cobalto? ¡A otro perro con ese hueso!
Cecilia sacó su celular y de inmediato hizo una videollamada a Nadia.
Afortunadamente, su vínculo con Estudio Cobalto seguía existiendo.
—Directora Nadia, quiero pedirle que observe la ropa de esta señorita, ¿es una prenda original de Estudio Cobalto? —preguntó Cecilia.
En cuanto Nadia escuchó, entendió lo que pasaba. Obviamente iba a respaldar a su jefa.
—Por supuesto. Cuando esta señorita fue a hacer su compra, yo misma la atendí en persona. Es una cliente VIP de Estudio Cobalto.
¡Con el testimonio de Nadia, todas las presentes se quedaron boquiabiertas!
Nadia no era alguien con quien cualquiera pudiera hablar, y mucho menos tener su número para una videollamada.
Las miradas hacia Berta cambiaron radicalmente en cuestión de segundos.
—¿Y no van a disculparse? —les exigió Cecilia.
—Berta, discúlpanos, ¡fuimos unas ignorantes!
—Perdón, nos equivocamos. ¡Estamos ciegas!
Berta les lanzó una mirada llena de orgullo.
—¡Más les vale!
Una vez que terminó el alboroto, Berta buscó a Cecilia.
—Cecilia, ¿por qué me ayudaste?
¡En la escuela eran enemigas a muerte! Berta jamás imaginó que ella saldría en su defensa.
Cecilia no dijo ni una palabra, simplemente se acercó y le dio un abrazo.
Prefería mil veces a esta Berta arrogante y presumida que a la mujer mutilada y torturada de su vida anterior.
¿Qué importaba si era un poco superficial?
Ella la iba a consentir.
—Berta, no te preocupes. De ahora en adelante, no importa qué pase o lo que quieras hacer, yo te voy a ayudar en todo —le dijo Cecilia con suavidad.
—¡Qué bicho te picó! ¡Estás loca! —soltó Berta, a la defensiva.
Todos en la escuela sabían que Berta detestaba a Cecilia y viceversa.
Aun así, por el repentino apoyo que había recibido hoy, Berta no pudo evitar sentirse conmovida en el fondo.
—Sí, seguro me volví loca, ¡piensa lo que quieras! ¡Jajaja! —Cecilia soltó una carcajada.
Se sentía de maravilla.
Más tarde, mientras comía con Mónica, ella le preguntó:
—Me contaron que hoy fuiste a acosar al presidente del Grupo Rivas. ¡No me digas que ya le echaste el ojo!
—¿Y qué tiene? ¿Acaso no se puede?
—Dicen por ahí que Saúl no soporta que ninguna mujer se le acerque, que tiene un corazón de hielo. Además, su prima Anaís es la dueña de sus quincenas. ¿De dónde sacas tanta confianza?


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