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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 1102

Yago guardó silencio durante un par de segundos antes de responder:

—Sí, hay alguien que me gusta.

—Me gusta... desde que estábamos en la universidad.

—Solo que en aquel entonces, por diversas razones y malentendidos, perdimos nuestra oportunidad durante muchos años.

Karina vio la expresión llena de amor de Yago, y luego miró a su madre, que estaba a su lado con la cabeza agachada y las orejas rojas.

Decidió echarle más leña al fuego.

De repente suspiró y puso una cara de profunda decepción.

—¿Ah? Conque el Sr. Yago ya tiene a alguien que le gusta...

—Qué lástima.

Negando con la cabeza y observando las reacciones de ambos, continuó:

—Yo pensaba que, siendo usted un hombre tan excepcional, si estaba soltero, se lo presentaría a mi mamá.

—Pero ya veo que me equivoqué de pareja.

Al escuchar esto, Yago se quedó paralizado.

Por un momento se desesperó y abrió la boca para explicarse de inmediato.

—¡Kari! —la interrumpió Yolanda, que había estado callada todo el tiempo. La agarró del brazo, sonando apresurada y avergonzada—. ¡Qué tonterías estás diciendo! ¡El Sr. Yago es mi jefe, no puedes hacer ese tipo de bromas!

Karina puso cara de inocencia.

—¿Jefe? ¡Yo pensaba que la persona que le gustaba al Sr. Yago era mi mamá y que la estaba cortejando!

—Después de todo, ¿qué clase de jefe viaja tan lejos para acompañar a una empleada a una cumbre tecnológica? ¿Qué clase de jefe deja de lado negociaciones de proyectos millonarios para pasear toda la tarde por una iglesia con su subordinada?

—Si fue un malentendido, entonces olvídalo, haz de cuenta que no dije nada.

—¡No es un malentendido! —soltó Yago de repente. Su voz resonó tan fuerte que las asustó a ambas.

Yago, siempre tan sereno y reservado, parecía haber perdido la compostura.

Le importaba muy poco su imagen o la prudencia en ese momento.

Solo sabía que, si no aprovechaba esa oportunidad, se arrepentiría el resto de su vida.

—Kari, no es un malentendido. Estoy enamorado de tu mamá.

—La amo desde la primera vez que la vi, hace veintiséis años.

—¡Me quiero casar con ella!

Esas últimas palabras cayeron con un peso innegable.

Yolanda levantó la cabeza, estupefacta, mirando a Yago con incredulidad.

No podía creer que él hubiera roto el hielo frente a su hija de esa manera tan directa.

Y mucho menos que hubiera soltado un me quiero casar con ella.

Capítulo 1102 1

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