—Bueno, ya me quedó claro, adiós.
Olivia ya estaba a punto de colgar.
Pero entonces Sebastián se prendió de la nada.
—¡Me traen con un puto teléfono suene y suene desde la madrugada! ¿Que no saben ver la chingada zona horaria antes de marcar? ¡Me la amanecí cabrón y me acabo de dormir, y ustedes me despiertan! —reclamó a gritos.
Olivia se quedó congelada por el grito.
Frunció el ceño en el acto y no pudo aguantarse las ganas de regresarle la pedrada:
—¡Karina también te habló! ¿Por qué a ella no le hiciste tu berrinche? A mí nada más me pidió el favor Beatriz, ¡no sé por qué te pones así conmigo!
Sebastián bufó indignado:
—¡Uy, claro, son igualitas! ¡Nada más veo que eres tú y me enchilo! ¡Hazme el pinche favor de no volverme a marcar!
Y le colgó en la cara.
Olivia no podía creer lo que acababa de pasar.
Y mira que estaba más que curtida con sus humillaciones y sarcasmos, pues antes de divorciarse ese era el pan de cada día.
Pero que la tratara como un trapo viejo enfrente de Beatriz fue como si le hubieran dado una bofetada.
A un lado, Beatriz también se sintió de lo más incómoda.
No tenía idea de que ese tipo fuera tan pesado con Olivia.
—Este... Seguro amaneció de malas —trató de calmar el asunto Beatriz—, y con el relajo que traen allá pues debe andar estresadísimo. No te lo tomes personal.
Olivia apretó los labios y aventó el celular a su bolsa.
—No hay bronca, ya conozco a este neurótico. Estoy curada de espantos.
—Okay, entonces voy a avisarle a Karina —concluyó Beatriz.
Agarró su teléfono y se alejó rápidamente de la escena.
Olivia se quedó mirando el reflejo del sol sobre el mar, cada vez más encabronada.
Estaba segurísima de que el cabrón se había querido desquitar con ella nomás por fregar.
¿Acaso ella le había hecho algo para merecer eso?
«¡Pendejo!», pensó.
Juro ahí mismo, con todas sus fuerzas.
¡Que se la tragara el mar si alguna vez en su vida le volvía a dirigir la palabra a Sebastián!
***
En otro lado del complejo.
Beatriz buscó una zona donde no hubiera ruido y le marcó a Karina.
Queriendo cambiar de tema para quitarle el bajón, Beatriz agregó:
—Oye, pero no nomás pienses en él. ¿Cómo te trata la vida allá? ¿Muy pesada la escuela?
Karina sonrió un poco.
—Pues pasable, todavía la armo.
Para seguirle la corriente, le preguntó:
—¿Y qué onda con el viajecito de ustedes? Dicen que Fiyi está increíble.
En cuanto le sacaron el tema, Beatriz se soltó:
—Ay, tú ni te apures. Con eso que me encargaste, te puedo decir que ya casi lo tengo cubierto.
Karina la regañó con algo de resignación:
—No manches, Beatriz. Te mandé para allá para que disfrutaras y te despejaras, no para que te la vivieras pegada a la chamba.
—Ya ves que no me hallo. Mínimo para entretenerme. ¡Ah, espérate! —exclamó de pronto.
Beatriz se acordó de algo y la emoción le ganó:
—¡No adivinas a quién me topé antier en el hotel!
—¿A quién? Ni idea —contestó Karina.

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