No pasó mucho antes de que Belén llegara apresurada.
Respirando agitada, le entregó la maleta directamente a Karina.
—Kari, ¿llegué a tiempo, verdad?
Karina, al ver las mejillas de Belén encendidas por la carrera, tomó la maleta y le dijo rápido:
—Llegaste justo a tiempo. Anda, toma un poco de agua y descansa un momento.
Sin perder tiempo, Karina cargó la maleta y se dirigió hacia la mesa de operaciones.
Abrió la maleta, conectó los dispositivos y, alzando la mirada, atravesó con la vista a todos hasta encontrarse con Tomás.
—Señor Tomás, de este lado ya está todo listo, podemos empezar cuando quiera.
Muy pronto, guiados por el personal, se instalaron más equipos para transmitir en vivo.
Hasta algunos influencers, olfateando el alboroto, llegaron con sus cámaras, enfocando a Karina como si olieran sangre en el agua.
Tomás no los detuvo.
Después de todo, Karina había opacado a todos en el grupo últimamente.
Además, seguía siendo demasiado joven; una lección de humildad no le vendría mal.
El salón de juntas estalló en un torbellino de murmullos; el zumbido de las voces casi levantaba el techo.
—¡No puede ser! El sistema que acaba de implementar mi empresa es Sistema Firmamento. ¡Qué mala suerte la mía!
—Mejor cámbialo de una vez, porque en internet la están destrozando, dicen que es una ladrona.
En la pantalla grande, los comentarios del chat en la transmisión oficial desfilaban sin parar.
[¡Fuera del mundo de la IA, plagiadora!]
[Si el jefe usa sistemas robados como este, la empresa no tiene futuro.]
[¿Eso es programadora? Solo sabe copiar y pegar.]
[¡Vergüenza para la academia! Que investiguen si su tesis también la compró.]
[¡Que la bloqueen de por vida en todas las plataformas!]
La cantidad de insultos resultaba asquerosa.
Abajo, Belén tenía los ojos enrojecidos de rabia, apretando el celular mientras respondía a toda velocidad.
—¡Ustedes no saben nada! ¡No inventen cosas por inventar, tengan tantita responsabilidad!
Mario, a punto de explotar, también se aferraba al celular, respondiendo con furia.
El huevo se estrelló en su brazo, pero la yema y la clara igual salpicaron la camisa blanca de Karina.
Un hombre, con el rostro retorcido por la rabia, gritó desde abajo:
—¡Déjate de tonterías! ¡Quiten Sistema Firmamento de inmediato y dennos una explicación!
Los guardias de seguridad se acercaron, pero lo hicieron con tanta flojera que solo parecía que marcaban presencia.
El tipo, viéndose impune, sacó otro huevo del bolsillo y amenazó con lanzarlo.
Mario lo fulminó con la mirada, voz dura y desafiante:
—A ver, aviéntalo otra vez y te saco de aquí a patadas, ¿entendiste?
La energía oscura que emanaba Mario, curtida por años de lucha, hizo que el tipo palideciera. El huevo quedó suspendido en el aire, su mano temblando.
Karina miró la mancha en su camisa, frunció el ceño y, sin perder la compostura, tomó el control remoto.
—Quieren pruebas, ¿verdad? Pues les voy a dar pruebas.
—Pongan atención y vean bien en qué momento nació cada línea de código de Sistema Firmamento.
En ese instante, la pantalla detrás de ella se iluminó y el código fuente apareció, cayendo como una cascada interminable.

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