En ese instante, al otro lado de la línea, todo quedó en un silencio absoluto.
De pronto, como si alguien hubiera arrebatado el celular, la voz de Valentín, cargada de alcohol y obsesión, retumbó en el auricular:
—Karina... Perdóname, no supe cómo protegerte...
—Te juro que Sabrina va a pagar por esto... Eres mi mujer, jamás permitiré que nadie te haga daño, ni el mínimo roce...
—¡Nadie puede hacerlo!
...
—¡Señor Valentín! ¡Señor Valentín, está borracho!
—¡Rápido, ayuden al señor Valentín a subir al carro!
Siguió un alboroto de voces, pasos y confusión. Al final, la llamada se cortó de golpe.
El viento nocturno del balcón levantó algunos mechones sobre la frente de Lázaro, pero ni toda esa brisa era capaz de disipar la sombra que oscurecía su mirada.
Encendió la pantalla del celular, y por puro impulso, abrió el historial de llamadas de Karina.
Una fila interminable de “Valentín” apareció ante sus ojos: llamadas contestadas, muchas más perdidas, todas superando en número a cualquier registro que él mismo tenía con ella.
Lázaro apretó la mandíbula, los labios le temblaban de la rabia y el pecho se le apretó con una pesadez insoportable.
Sin vacilar, buscó el número de Valentín, lo bloqueó y luego lo borró.
Después, entró a WhatsApp y repitió exactamente el mismo proceso.
Pero ni con todo eso, logró calmar el malestar que le oprimía el pecho.
Ya estaba a punto de bloquear el teléfono cuando, titubeando un segundo, se le ocurrió otra cosa: abrió sus propios contactos y WhatsApp, y cambió su nombre de “Lázaro” a: “mi esposo más amado”.
Se quedó observando esas palabras durante unos segundos, como si esperara que al verlas todo el nudo en su pecho se deshiciera. Finalmente, apagó la pantalla, dio media vuelta y regresó a la cama.
Volvió a abrazar a la mujer que dormía profundamente a su lado.
Karina, medio dormida, se acurrucó más contra su pecho, buscando una postura cómoda antes de hundirse otra vez en el sueño.
...
A la mañana siguiente, el reloj interno de Karina no falló y abrió los ojos aún adormilada. Lo primero que hizo fue tantear el celular para ver la hora.
En cuanto la pantalla se iluminó, el mensaje anclado la devolvió a la realidad en un segundo.
[Mi esposo más amado]
“…”
Karina giró los ojos, resignada, y volteó hacia el hombre que seguía aferrándola como si temiera que se le escapara.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador