Un momento después, en el despacho de Víctor.
Sobre el largo escritorio de madera clara se alineaban cuatro computadoras portátiles idénticas, todas con la pantalla encendida y reluciente.
Víctor, con las manos a la espalda, tenía el aire serio de un maestro a punto de poner a prueba a sus alumnos.
Se aclaró la garganta y señaló las computadoras.
—En cada una dejé un virus que acabo de diseñar. Nada del otro mundo, solo un pequeño reto.
Hizo una pausa. Del librero detrás de él, sacó con mucho cuidado un libro envuelto en papel kraft, como si resguardara un tesoro.
—Quien lo resuelva primero, se queda con mi ejemplar del Manual del Centinela Digital.
¡Manual del Centinela Digital!
Los ojos de los cuatro presentes se encendieron al instante.
Ese libro, escrito de puño y letra por Víctor, jamás se había publicado; en el mundo de la ciberseguridad era casi leyenda. Ni siquiera les permitía hojearlo, y ahora... ¡decía que lo regalaría!
Enzo fue el primero en reaccionar, con una mueca de resignación.
—Jefe, usted bien sabe que yo no soy bueno eliminando virus, eso es especialidad de Beatriz. Así no se vale.
Octavio no tardó en sumarse al reclamo.
—¡Eso! Jefe, ¡está muy obvio que está favoreciendo a Beatriz! No se vale, yo protesto.
Solo Beatriz sonreía, segura de sí misma, con una expresión de quien ya ve el premio en sus manos. Miró de reojo a sus dos compañeros, con voz cortante.
—Si no les gusta, ni modo. El jefe siempre es justo. Que no les alcance el talento no es su culpa.
Sin molestarse en mirar a Karina, Beatriz solo tenía ojos para el libro. Su voz sonaba desafiante.
—Jefe, yo sí voy con todo.
Ni siquiera se tomó la molestia de mencionar a Karina, como si ni existiera en la competencia, como si fuera una sombra sin derecho a participar.
Víctor se acarició la barba salpicada de canas y soltó una sonrisa cargada de misterio.
—Menos chismes. Tienen una hora.
Colocó un reloj de arena sobre el escritorio. Al girarlo, la arena comenzó a deslizarse, cada grano caía marcando el inicio del reto.
—Si en una hora nadie lo logra, el libro se queda conmigo.



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