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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 515

Al día siguiente.

Karina llamó a Hugo y le entregó una tarjeta negra.

—Aquí tienes un millón.

A Hugo le tembló la mano, casi se le caía la tarjeta.

—Señorita Karina, esto...

—Llévaselo a Valentín.

No quería deberle ni un solo peso. Lo único que deseaba era marcar una línea clara entre ellos, que cada quien siguiera por su cuenta.

Había escuchado por Mario que Valentín, para salvarla en la frontera, había gastado seiscientos mil pesos.

Lázaro había logrado recuperar quinientos mil.

Quedaba un millón pendiente, y ella se encargaría de saldar esa deuda.

A partir de ahora, nada más los unía.

Poco después, el teléfono de Hugo sonó. Su voz sonaba apurada.

—Señorita Karina, el señor Valentín no quiere aceptar el dinero.

Karina contestó, sin mostrar emoción:

—Entonces busca la manera de que tenga que aceptarlo, como sea.

...

Por la tarde, la rueda de prensa de Fátima se transmitió en vivo a todo el país.

Karina no se perdió ni un segundo.

En la pantalla, Fátima ya no era la misma de antes. En apenas unos días, parecía otra persona: mucho más delgada, con las ojeras profundas y los ojos apagados. Ya no tenía ese aire arrogante de siempre; ahora sólo mostraba miedo, como un animal acorralado.

Frente a las cámaras, le temblaba la voz mientras admitía, palabra por palabra:

—...el sistema de conducción automática que ganó el premio el año pasado... el código principal... lo robé de la computadora de Karina.

—Y también el Sistema Celeste... la red de seguridad, el Modelo EspectroData...

—Y la arquitectura base del Motor de IA “Mar Fantasmal”...

Cada confesión hacía que los mensajes en la transmisión en vivo explotaran.

[¡No puede ser! ¿El sistema de conducción automática también lo robó? ¿Entonces qué ha hecho por sí misma?]

[Esa ladrona debería ser expulsada del mundo académico. ¡Fuera de la investigación científica!]

[Qué descarada. Por culpa de ella hasta Karina fue atacada en redes. ¿Por qué no se va de una vez?]

[Deberían investigar a su mamá también. Si la madre es así, la hija sale igual, ¡las dos son iguales de basura!]

Alguien del público incluso le lanzó un huevo a Fátima.

—¡Paf!—

El huevo le estalló en la frente, y la yema pegajosa escurrió por su cara, dejándola completamente humillada.

Fátima, al borde del colapso, empezó a gritar descontrolada.

Ambas tenían el vientre muy abultado y platicaban animadamente.

Karina, de buen humor, se unió a la conversación y compartió algunos consejos de crianza.

Pero cuando les contó, entre risas, que esperaba gemelos, las dos mujeres se quedaron mudas. Sus sonrisas se congelaron en el acto.

Intercambiaron una mirada nerviosa y, casi sin darse cuenta, se alejaron de Karina.

Ella no entendía nada.

Estaba a punto de preguntarles el motivo, cuando Lázaro se le acercó para avisarle que era su turno para el ultrasonido.

Karina, intrigada, miró hacia atrás y vio a las dos mujeres cuchicheando y lanzándole miradas extrañas, como si estuvieran hablando de ella a sus espaldas.

Un malestar inexplicable le recorrió el cuerpo.

¿Acaso por estar embarazada de gemelos ahora la iban a aislar?

Pero ya se había acostumbrado a esas cosas. La incomodidad se fue tan rápido como llegó. Al recostarse para el ultrasonido, ya había dejado el asunto atrás.

La doctora, una mujer amable, le aplicó un gel frío en el vientre.

—Los bebés están perfectos. Sus corazones laten con mucha fuerza.

Al ver en la pantalla a esas dos pequeñas vidas, Karina sintió que el corazón se le derretía.

No pudo evitar preguntar la duda que todas las mamás tienen en algún momento.

—Doctora, ¿se puede saber si los bebés serán niño o niña?

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