La presión dentro del carro era tan baja que casi se podía cortar con un cuchillo.
Lázaro guardó silencio un momento, luego sacó una tarjeta del bolsillo de su ropa casual y se la entregó a su asistente.
—Ve al lugar de siempre y cómprale unos regalos a mi esposa. Déjalos en mi carro.
Esa tarjeta era la de compras interna del cuerpo de bomberos, con puntos y bonos que había acumulado durante años y que nunca había tocado. Tenía una buena cantidad guardada.
El asistente la recibió con ambas manos, tratando de ocultar su emoción.
En ese instante, otro asistente le acercó un celular con respeto.
—Señor Boris, su celular acaba de sonar.
Lázaro lo tomó y, sin pensarlo, empezó a recorrer con el pulgar el borde metálico del aparato.
Era un modelo antiguo, al que ya le habían cambiado varias veces la carcasa, pero el sistema y los datos seguían siendo los mismos que usaba su hermano cuando estaba vivo.
Había conservado ese celular solo para mantenerse en contacto con la gente del círculo de su hermano. Sin embargo, hacía años que casi nadie le escribía; las pocas veces que llegaba un mensaje, era por cuestiones de trabajo.
Desbloqueó la pantalla.
Su dedo se detuvo.
En la parte superior apareció el nombre "Karina".
De pronto recordó que, cuando resolvió el error del Vórtice de Sueños, ella había agregado ese número.
Él solía ser muy rígido respecto a quién podía agregar ese número, nunca permitía que desconocidos lo tuvieran.
Pero Karina era la única excepción.
Abrió el chat y vio el mensaje de ella:
[Señor Boris, ¿cuándo tiene tiempo? Quisiera invitarlo a comer.]
Lázaro mantuvo el dedo suspendido sobre la pantalla, como si lo pensara bien.
Después de unos segundos, escribió una respuesta.
[El próximo fin de semana, luego te aviso la hora exacta.]
Tras enviarlo, revisó los demás mensajes. Confirmó que no había nada urgente y le devolvió el celular al asistente.
Solo entonces tomó el saco y empezó a cambiarse de ropa.
Cuando abotonó el último botón del saco, el Lázaro bombero, ese hombre sencillo y cálido, desapareció por completo.
En su lugar, emergió el distante y enigmático Boris del Grupo Juárez.
...
Paraíso Austral.
Karina estaba a punto de guardar el celular cuando apareció la respuesta de Boris.
[El próximo fin de semana, luego te aviso la hora exacta.]
Karina se quedó helada.
¿De verdad acababa de aceptar?
Bueno, eso significaba que sí tendría que ayudarle a Bárbara con ese asunto.
En la sala de ultrasonido, la misma doctora amable la esperaba.
Parecía recordarla muy bien. Mientras manipulaba el aparato, le habló con voz cálida:
—Ambos bebés están creciendo genial, sus corazones laten con fuerza. Son dos pequeños muy inquietos.
Cuando la revisión estaba por terminar, la doctora no pudo aguantarse más.
Con un brillo de esperanza en la mirada, le preguntó con cuidado:
—Señora, ¿de verdad no quiere saber el sexo de los bebés?
¡Era un caso único, mellizos niño y niña!
Para una familia de renombre, tener ambos en una sola vez era señal de buena fortuna, casi un milagro.
La doctora apenas podía contener la emoción.
Karina había estado dudando.
Pero al mirar en la pantalla a esos dos pequeños brotes de vida, ya no vaciló.
—Está bien, dígame.
La doctora, apenas escuchó su respuesta, no pudo contener la alegría:
—¡Felicidades, señora! ¡Felicidades!
—¡Va a tener un niño y una niña, mellizos! ¡Eso es algo muy poco común!

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