Karina sintió cómo el corazón se le detenía por un instante. Sin pensarlo, se adelantó rápidamente, interponiéndose entre Belén y Úrsula.
—¡Señora! —gritó, su voz temblando de nervios—. ¡Por favor, cálmese!
—La verdad es que la familia Aranda está pidiendo demasiado. Si Belén se casa con ellos, sería como lanzarla a una hoguera. ¿Cómo podría ser feliz así?
Úrsula respiraba agitada, el pecho subía y bajaba como si el aire le pesara.
—¡Pero la familia Aranda es la más poderosa de Puerto Maristes! Si Belén se casa con ellos, los negocios de la familia Soler pueden expandirse allá sin problema. Todo eso, tarde o temprano, también va a ser para ella, ¿o no?
Se golpeó el pecho, como si el dolor le atravesara el alma.
—¡Y ella va y lo rechaza todo solo por unas ideas tontas de amor! ¡¿Cómo pude tener una hija tan ingenua?!
Diana, sentada en el sofá, no dejó pasar la oportunidad de meter más leña al fuego.
—Mamá, ya no se altere. Belén está así solo porque alguien la anda influenciando.
Desvió la mirada hacia Karina, con una sonrisa venenosa.
—Karina, mejor mantente lejos de Belén. Si quieres buscar tu propio gran romance, ve y hazlo, pero no la arrastres contigo. Ella nació como la hija de la familia Soler, tiene una responsabilidad con todos nosotros. Casarse por conveniencia es su destino.
Al escuchar eso, Úrsula miró a Karina de otra manera. Antes la veía con buenos ojos: siempre tan atenta, educada, dulce, futura nuera de la familia Lucero, con una familia impecable.
Pero ahora...
Después de la pelea con los Lucero, y encima casada con un simple bombero que ni futuro tiene...
Empezaba a pensar que Diana podía tener razón.
Karina soltó una risa sarcástica, y le sostuvo la mirada a Diana sin parpadear.
—Señorita Diana, desde niña has gozado de todo lo mejor de la familia Soler: lujos, la mejor educación, siempre tratada como una princesa. Si alguien debe sacrificarse por el bien de la familia, ¿no deberías ser tú, la que más ha recibido?
—¿Por qué tiene que ser Belén, la que creció lejos, la que sufrió tanto antes de volver aquí, la que no tiene ni un solo negocio a su nombre, la que tiene que ser sacrificada en esto?
El rostro de Úrsula se tensó de golpe, incapaz de disimular su molestia.
—¡Eso no es lo mismo! —replicó, casi gritando—. ¡Belén es mi hija! Lleva la sangre de los Soler, tiene nuestros genes. Si alguien debe casarse por el bien de la familia, solo puede ser ella.
En ese momento, Belén empezó a reír. Sus ojos se llenaron de lágrimas, pero su voz sonó amarga, llena de desencanto y burla.
—Entonces... así es como son las cosas.
—O sea que me buscaron solo porque mi sangre les servía, solo soy su herramienta para conseguir una alianza.
Miró uno por uno a esos supuestos familiares.
—Quieren usar a su hija para ampliar el territorio de la familia Soler, y después, todo ese imperio, se lo piensan dejar a alguien de fuera...
—Vaya, de verdad son unos genios.
Entendió que quedarse solo complicaría más las cosas para Belén.
La miró con intensidad, asintió y murmuró:
—Está bien, espero tu llamada.
Se fue rápido, sin volver la vista atrás.
...
Apenas subió al carro, Karina marcó el número de Lázaro.
Para sorpresa de Lázaro, era la primera vez en mucho tiempo que Karina lo llamaba directamente.
Contestó enseguida, con una sonrisa que no podía ocultar.
—¿Bueno? ¿Mi amor?
Del otro lado, la voz de Karina sonaba agitada, casi como si le faltara el aire.
—Lázaro, ¿estás ocupado?
—¿Puedes venir a la casa de la familia Soler? Necesito que saques a Belén de ahí.

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