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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 629

A Karina se le cortó la respiración, el corazón le latía con fuerza. Enfrentando su mirada inquisitiva, soltó:

—¿Te importa mucho?

Lázaro observó sus pestañas temblorosas, la sonrisa en sus labios se hizo más profunda, pero también más fría.

—Siempre he sentido que lo suyo no fue un simple noviazgo.

Karina apretó los labios con fuerza.

La agudeza de este hombre siempre la sorprendía, era tan precisa que la asustaba.

Sentía como si sus siete años de matrimonio fallido en su vida pasada estuvieran a punto de ser descubiertos por su penetrante mirada.

El pánico que sentía en su interior se solidificó rápidamente, formando una armadura de hielo.

La zozobra que había en sus ojos se desvaneció, dando paso a una creciente indiferencia.

Lázaro no dejaba de mirarla, sin perderse ni el más mínimo cambio en su expresión.

Vio la barrera que había levantado.

Y vio también, bajo esa barrera, las heridas que no podía ocultar.

La nuez de Adán se le movió, y reprimió el impulso de seguir interrogándola.

«Olvídalo.»

«Presionarla probablemente solo le causaría más dolor.»

La agudeza en los ojos del hombre se disipó, transformándose en resignación.

Se incorporó y se levantó de encima de ella.

—Levántate, vamos a arreglarnos.

Lázaro se levantó de la cama y salió.

No habían dormido en la recámara principal, así que para arreglarse tenían que ir al baño de esa habitación.

Karina se quedó tumbada en la cama, mirando al techo. Después de un rato, se levantó también y se dirigió a la recámara principal.

Cuando llegó, Lázaro estaba frente al espejo, cepillándose los dientes.

Karina no entró. Se quedó apoyada en el marco de la puerta, con los brazos cruzados, esperando en silencio.

Cuando él terminó de arreglarse y salió, ella habló con naturalidad:

—Faltan poco más de diez días para el Año Nuevo, ¿por qué no nos vamos a quedar a casa de mi mamá?

Mientras hablaba, señaló con la barbilla hacia el tocador.

El micrófono, todavía lo necesitaba para tender una trampa.

Pero si no dormían en la recámara principal, la otra persona seguramente sospecharía.

Lázaro entendió. El pequeño malentendido de antes pareció desvanecerse. Se acercó en unos pocos pasos, la rodeó con el brazo por la cintura y la atrajo hacia sí.

—Se acerca el Año Nuevo, es verdad que deberíamos pasar más tiempo con mamá.

—Entonces voy a empacar. Te dejo allá y luego me voy a la base.

Dicho esto, le dio un beso en los labios y se fue al vestidor a preparar el equipaje de ambos.

Karina acababa de pedirle a Hugo que publicara la segunda tanda de trapos sucios de Fátima y su madre cuando en la pantalla de su celular apareció un mensaje de Belén.

[Kari, ¿cómo fue tu primera vez con mi primo?]

Karina se quedó un poco confundida al leerlo.

Sintiendo la cercanía del hombre detrás de ella, apagó la pantalla rápidamente.

—Voy a llamar a Belén.

Se levantó de la cama, entró al baño y cerró la puerta.

Marcó, pero Belén cortó la llamada casi al instante.

Enseguida, le llegó un mensaje.

[Son casi las diez, hermana. Vas a despertar al que me cuida. Mejor chateamos.]

Karina le respondió por escrito: [¿A qué te refieres con esa pregunta?]

Belén respondió al instante: [A lo que lees. Tengo una idea muy atrevida.]

Junto al mensaje, un *emoji* de una carita sonriente y traviesa.

Karina se quedó mirando el *emoji*, y un mal presentimiento la invadió.

[Anda, dime, ¿cómo fue? ¿Te gustó?] —le escribió Belén de nuevo.

***

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