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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 641

Valentín, al verla tan alterada, se rio.

—Mi tragedia, ¿acaso no fue obra de ustedes dos, madre e hija?

—¿De verdad crees que las dejaría en paz? —replicó él.

—¡Ahora somos una familia! ¡Podemos dejar atrás las viejas rencillas!

Intentó razonar con él.

—Si unimos fuerzas, ¡tu padre puede llegar a la presidencia! ¡El poder que tendríamos entonces sería inimaginable!

—¿Presidente?

Valentín soltó una carcajada, como si hubiera escuchado el chiste más grande del mundo.

—¿Poner a un idiota que ni siquiera sabe con quién se acuesta a gobernar un país?

Lo miró con un desprecio absoluto.

—¡Si él llega a ser presidente, será un desastre para esta nación!

Sabrina lo miró incrédula.

—¡Pero es tu padre!

—¿Y qué?

Valentín apagó el cigarro, se puso de pie y la miró desde arriba.

—¿Solo porque es mi padre tengo que apoyarlo?

Sabrina no podía creerlo. Nunca imaginó que Valentín pudiera ser tan despiadado como para renegar de su propia familia.

Eso la hizo sentir de nuevo una punzada de pánico.

Una persona así solo se volvería más y más difícil de manejar.

Apretó los dientes y suavizó su tono.

—Entrégame a Fati, y podemos negociar cualquier condición.

Al oír eso, una sonrisa burlona se dibujó en los labios de Valentín.

—Claro.

Dijo lentamente:

—Entonces, ve y entrégate. Cuéntale a la policía cómo mataste a mi madre, cómo le hiciste daño a Karina… Confiesa todas las porquerías que has hecho, una por una, sin omitir un solo detalle.

El rostro de Sabrina se tornó lívido.

—¡No te pases de la raya!

—Entonces no hay nada que hablar.

Valentín se encogió de hombros, con una expresión de total indiferencia.

Ya eran las dos y media de la madrugada.

Seguramente ya estaba dormida.

Quizás, quien contestara sería Lázaro.

Solo pensar en esa posibilidad hizo que los nudillos de Valentín se apretaran inconscientemente alrededor del celular, y la oscuridad en sus ojos se hizo más densa.

Justo cuando estaba a punto de perder la paciencia, finalmente contestaron la llamada.

—…¿Bueno?

Una voz femenina, perezosa y con una fuerte congestión nasal, llegó desde el otro lado.

Acababa de despertar, su voz era ronca y suave, como la garra de un gato arañando suavemente su corazón.

La respiración de Valentín se detuvo de golpe.

Ese tono de voz encendió instantáneamente en él una agitación primitiva que había estado reprimiendo durante mucho tiempo.

Se aflojó la corbata con fastidio, tragó saliva con fuerza y, con la voz ronca, logró decir:

—¿No estás durmiendo con Lázaro?

Hubo unos segundos de silencio al otro lado de la línea.

Karina pareció tardar un momento en reaccionar, hasta que de repente se despertó por completo.

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