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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 684

Karina acababa de abrir la puerta de la suite del hotel con su tarjeta cuando un botones le entregó su maleta.

Se quedó mirando la maleta por un momento, y enseguida el gerente del hotel entró personalmente con un desayuno abundante.

Ya tenía hambre.

Aunque su ánimo estuviera por los suelos, los bebés en su vientre tenían que comer.

Pero apenas dio un mordisco a un panecillo suave, un dolor agudo y punzante le recorrió la encía izquierda.

—Auch…

Se cubrió la mejilla izquierda hinchada por un momento y sacó su celular para llamar al hospital.

Quería preguntar si necesitaba una radiografía en la zona inflamada de su cara.

La llamada se conectó rápidamente, y la voz dulce y respetuosa de la enfermera la atendió.

—Señorita Karina, buenos días. Le informo que su médico de cabecera ahora es la doctora Eloísa, puede contactarla directamente a ella.

Karina se quedó perpleja.

Su médico tratante era el doctor Quiroz.

—¿Cambiaron a la doctora Eloísa? ¿Cuándo pasó eso?

—Así es, apenas ayer —la enfermera lo dijo con un tono de envidia—. Fue la doctora Eloísa quien solicitó su expediente personalmente.

—Como usted sabe, la doctora Eloísa es la mejor cirujana de nuestro hospital y solo atiende a las familias más importantes de Villa Quechua. ¡Qué suerte tiene, señorita Karina, de que ella se haya ofrecido a atenderla!

Karina colgó, frunciendo el ceño.

En ese hospital privado, el más exclusivo de Villa Quechua, cualquier paciente con la tarjeta de membresía anual tenía derecho a elegir a su médico de cabecera.

Ella la había adquirido el año pasado debido a sus frecuentes hospitalizaciones y en su momento había elegido al doctor Quiroz.

No esperaba que Eloísa la hubiera solicitado.

Al final, Karina buscó el número de Eloísa en su agenda y la llamó.

El teléfono sonó tres veces antes de que contestaran. Del otro lado, se escuchó la voz clara y femenina de Eloísa.

—Señorita Karina.

Karina respondió con frialdad:

—Doctora Eloísa, ¿por qué es usted mi médico de cabecera?

—Órdenes de mis superiores —dijo Eloísa sin dar más explicaciones.

Karina frunció el ceño.

—¿Superiores? ¿Quiénes?

—Efectivamente, se lastimó un poco el nervio de la encía. Anoche le administramos un antiinflamatorio.

—Dada su condición actual, no podemos usar ese tipo de medicamentos con mucha frecuencia. Mi recomendación es que, si puede, lo soporte. En un par de días se le quitará solo. Claro que, si el dolor es insoportable, puede venir al hospital en cualquier momento.

Karina preguntó apresuradamente:

—¿El antiinflamatorio afecta mucho a los bebés?

—Por supuesto. Si la dosis y el tipo no se controlan bien, algunos medicamentos pueden causar malformaciones o un desarrollo anormal en el feto.

Lo que Eloísa no dijo fue que el medicamento que le había administrado a Karina el día anterior era uno importado, especialmente seleccionado por no tener ningún efecto sobre el feto.

Solo esperaba que Karina aprovechara esta oportunidad para aumentar un poco su tolerancia al dolor.

Dar a luz, para una mujer, ya era una tortura.

Una mujer demasiado delicada solo sufriría más durante el parto.

Por eso, la noche anterior, al administrarle el suero, redujo deliberadamente la dosis del antiinflamatorio, previendo que hoy le dolería la muela.

Al oír esto, Karina tomó una decisión casi al instante.

—Entonces aguantaré.

***

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