—De acuerdo, tienes razón —dijo Valentín, como si finalmente hubiera tomado una decisión.
—Aprovecharé este tiempo para investigar a fondo quién es el desgraciado de Grupo Juárez que me está jodiendo la vida.
Miró a Karina de nuevo, con un dejo de esperanza.
—Karina, si tienes alguna forma de…
—No la tengo —lo interrumpió ella sin rodeos—. No sé nada de estrategias de negocios.
Valentín suspiró. En el fondo, sabía que le estaba pidiendo demasiado.
En su vida anterior, después de casarse, le encantaba contarle a Karina sobre los asuntos de la empresa, llenándola de ejemplos de tácticas comerciales.
Pero ella parecía no tener ningún interés innato en esos temas; siempre lo escuchaba como si le hablara en otro idioma.
Aun así, aunque no le interesara, siempre se armaba de paciencia y lo escuchaba hasta el final. Luego, con su hermoso rostro levantado hacia él y los ojos brillantes, le decía lo increíble que era.
Era precisamente esa admiración y dependencia total lo que hacía que a él le gustara tanto hablarle de negocios.
Le contaba qué proyectos había invertido, qué industria había explotado y por qué, compartiendo cada detalle sin omitir nada.
Pero, al final del día, ella seguía sin entender nada de eso.
Karina solo comió la mitad de su filete antes de dejar los cubiertos.
Tomó la servilleta, se limpió los labios y dijo:
—Estoy un poco cansada, ya me voy.
Antes de irse, como si aún estuviera preocupada, le advirtió una vez más:
—Durante este descanso, no inviertas en un solo proyecto. Si no, me temo que tendrás pérdidas muy grandes.
Los ojos de Valentín brillaron de sorpresa.
—¿Te preocupas por mí?
Karina lo miró, asintió levemente sin decir más, y se levantó para irse.
Valentín observó su espalda mientras se alejaba, con una sonrisa que ya no podía ocultar.
¡Todavía se preocupaba por él!
Una inmensa alegría recorrió su cuerpo, y su humor mejoró de golpe.
Incluso le volvió el apetito. Terminó su filete en un par de bocados y, con total naturalidad, acercó el plato a medio comer de Karina y se lo terminó, bocado a bocado, saboreándolo.
Sintió que ese filete era lo más delicioso que había comido en su vida.
Karina, desde el principio hasta el final, no le dedicó ni una sola mirada a Lázaro. Simplemente, salió del restaurante.
Lázaro, con el ceño fruncido, escuchaba el informe del director del proyecto.
La imagen de Karina almorzando con Valentín lo tenía increíblemente irritado.
Justo en ese momento, el celular en su bolsillo vibró.
Lo sacó para ver.
En la pantalla, un mensaje de Karina.



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