Karina enarcó una ceja, haciéndole un gesto para que se calmara.
Belén dejó un fajo de papeles sobre el escritorio, respiró hondo y empezó a hablar sin parar.
—¡Resulta que Sergio se casó con Sabrina en su momento por una obsesión que tenía!
—Igual y no me crees, pero cuando Sergio tenía cinco años, ¡unos traficantes de personas se lo llevaron a las montañas!
—Una niña lo ayudó a escapar, así que él nunca la olvidó y siempre la estuvo buscando.
Karina fijó la vista en los documentos, escuchando en silencio.
—¿Y sabes cómo Sergio encontró a Sabrina? —continuó Belén, recuperando el aliento.
Karina la miró y negó con la cabeza.
—¡En la lista de beneficiarios de la fundación de tu madre!
—La señora Yolanda y Sergio eran compañeros de preparatoria. Después de los exámenes de ingreso a la universidad, Sergio empezó a trabajar en Grupo Lucero, y como la señora Yolanda siempre ha estado metida en obras de caridad, un día Sergio quiso donar dinero a las zonas rurales y fue a pedirle consejo.
—La señora Yolanda le mostró la lista de beneficiarios y, ¡qué casualidad, ahí vio el nombre de Sabrina!
—¡Siguió la lista y la encontró de inmediato!
Belén hizo una pausa dramática, bajó la voz y dijo con aire de misterio:
—Pero agárrate, que ahora viene lo mejor.
—¡Sabrina no es la Sabrina de aquel entonces!
Karina enarcó una ceja, incitándola a continuar.
—¡Su verdadero nombre es Soledad!
—Desde niña, en su pueblo, era una ladronzuela, una mala influencia. Todos la odiaban y la llamaban «la Soledad».
—No tenía padres, así que le pusieron ese apodo.
—Todavía no he descubierto cómo se convirtió en Sabrina.
—¡Pero este chisme es cien por ciento real!
Karina tamborileó los dedos sobre la mesa, pensativa.
—¿No será que cuando Sergio la encontró, ella se hizo pasar por la verdadera Sabrina?
—¡No, no, no! —negó Belén de inmediato, agitando las manos.
—Cuando Sergio la encontró, ya se llamaba Sabrina.
—Fue como a los ocho años, cuando una familia de campesinos la adoptó. Para entonces, ya usaba ese nombre.
Belén hizo una pausa y añadió:
—Además, Sabrina pudo contactar a la señora Yolanda gracias a que Sergio hizo de intermediario.
—Piénsalo, la señora Yolanda ayudaba a muchísima gente, y la información de los beneficiarios era confidencial. ¿Cómo iba una chica del campo a encontrarla tan fácilmente?


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