Olivia le sostuvo la mirada sin dudarlo ni un segundo y respondió con total seguridad:
—¡Estoy completamente segura!
—Bien, te creo.
Karina asintió y dejó la tableta sobre la mesa.
Se giró hacia Hugo y le ordenó:
—No hagas nada de relaciones públicas por ahora.
Hugo, aunque confundido, asintió.
—Entendido.
—Señora Gonzalo, esos *influencers* tienen millones de seguidores, su influencia es enorme —dijo Olivia, perpleja.
—Si no actuamos ahora, cuando la opinión pública se consolide, podría afectar los pedidos del segundo lote de maquinaria.
—Señorita Olivia, lo más probable es que esto no vaya dirigido a la maquinaria Chispa, sino a mí —dijo Karina, levantando la vista con una calma imperturbable.
Hizo una pausa y cambió de tema.
—Pero están jugando sucio, y podrían involucrarte. Por tu seguridad, durante este tiempo, ¿prefieres quedarte aquí conmigo o irte de viaje al extranjero para despejarte?
Olivia se quedó atónita.
No esperaba que, en medio de la crisis, lo primero que considerara la señora Gonzalo fuera su seguridad.
Una oleada de gratitud la invadió y, casi sin pensarlo, se enderezó.
—¡Señora Gonzalo, si esto es contra usted, con más razón no puedo huir!
—¡Me quedo aquí!
—Bien —dijo Karina, sonriendo.
—Entonces, prepárate, porque se avecina una batalla difícil.
—Pero si ganamos, las ventas de la maquinaria Chispa se multiplicarán varias veces.
Karina no mencionó qué pasaría si perdían.
Porque estaba segura de que esta era una batalla que solo podía ganar.
Además, había estado esperando a que el otro bando moviera ficha primero.
Solo si ellos daban el primer paso, ella podría usar su propia fuerza en su contra y arrancar el problema de raíz.
***
Antes de que los videos negativos en internet se volvieran un incendio incontrolable, Karina se tomó un tiempo para visitar de nuevo la casa de retiro.
Quería ver a su abuela una vez más.
Pero la anciana seguía sin querer ver a nadie, encerrada en su habitación.
Karina se quedó un largo rato en la puerta. Al final, solo dejó un ramo de girasoles y regresó a Privadas del Lago.
Apenas llegó, le pidió al mayordomo que cerrara las puertas de la propiedad.

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