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Renacer en el Incendio: Me Casé con Mi Salvador romance Capítulo 960

La luz en la recámara era de un tono amarillo cálido, dándole un toque más íntimo y acogedor que la sala de juntas o el comedor.

Al principio se sentaron en el sofá a platicar.

Luego, como había demasiados documentos y no cabían en el sofá, Karina terminó sentándose con las piernas cruzadas en la alfombra.

Lázaro la acompañó sentándose también en el suelo.

Charlaron hasta altas horas de la madrugada. Lázaro sirvió dos copas de vino tinto y le pasó una.

—Para la garganta.

Karina tomó la copa, dio un sorbo y siguió hablando apasionadamente mientras señalaba un plano.

—Esto hay que cambiarlo. Si logramos superar este obstáculo, tal vez podamos monopolizar todo el flujo de datos del Pacífico Sur...

Estaba tan metida en la plática que, sin darse cuenta, se pasó toda la noche hablando con Lázaro.

De la alfombra pasaron a la cama.

En algún momento, terminaron recostados uno al lado del otro en la cabecera.

La cama estaba llena de papeles y tabletas.

La botella de vino que abrió Lázaro había acabado casi toda en el estómago de Karina.

Llevaba mucho tiempo sin beber y, sumado a la emoción, el alcohol le pegó rápido.

Su cerebro, antes lúcido, empezó a nublarse.

—Y además... además si hacemos esto así...

Karina empezó a arrastrar las palabras, y sus mejillas se tiñeron de un rojo embriagador.

Todavía tenía un plano en la mano, pero su cuerpo se deslizaba suavemente hacia abajo.

—Lázaro... luego... luego voy a ganar muchísimo dinero...

—Todo... para que te lo gastes tú...

Murmuró, mirando al hombre a su lado con ojos desenfocados.

Lázaro la miró de reojo. Sus ojos eran profundos como el océano y su nuez de Adán se movió levemente.

Esa mujer, hablando toda la noche de operaciones comerciales y algoritmos, había logrado ponerlo nervioso y acalorado.

—Está bien, todo para mí.

Le quitó el plano de la mano y lo tiró al suelo.

Karina sintió que los párpados le pesaban toneladas.

Fuera de la ventana, el cielo empezaba a clarear.

Ya no aguantaba más, su cuerpo se inclinó y cayó directamente sobre la almohada de Lázaro.

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