Beatriz lo pensó durante un largo rato.
La sorprendió bastante que Ximena estuviera dispuesta a dejar a su hijo por iniciativa propia.
Al menos tenía claro su lugar en el mundo, sin embargo...
—Ximena, ¿por qué habría de aceptar tu propuesta?
—Ese dinero de los treinta mil pesos, para empezar, no tenías ningún derecho a gastarlo.
—Niñita, qué bien te salen las cuentas. ¿Indemnización por ruptura? ¿Acaso crees que vales esa cantidad?
Beatriz esbozó una sonrisa cargada de puro desdén.
Ximena estaba que echaba humo. —Doña Beatriz, ¿me está diciendo que prefiere que sigamos así? Doña Beatriz...
—Tú no tienes por qué meter tus narices en los exámenes de mi hijo. Te garantizo que él entrará a una universidad de prestigio, y para entonces, aunque no quieras, tendrán que terminar. Ximena, si eres mínimamente inteligente, vas a devolverme mi dinero cuanto antes.
Ximena estalló de rabia. —Doña Beatriz, ¿de verdad está tan segura de que Julián no cambiaría su solicitud universitaria por mí?
—¡Ximena!
—Doña Beatriz, usted no tiene alternativa. Yo tampoco deseaba que las cosas fueran así, pero las dos queremos lo mismo: que Julián rinda al máximo en el ENIS. Si él triunfa, el orgullo será tanto suyo como mío.
—Doña Beatriz, acéptelo. Porque si se niega... —Ximena fue con todo— ¡haré que Julián cambie su elección de universidad!
De todas formas, la solicitud universitaria de Julián ya había sido alterada.
Beatriz se puso verde de la furia.
—¡No! ¡Por lo menos tienes que devolverme algo del dinero! —Beatriz no estaba dispuesta a ceder un solo milímetro.
Las venas en el puño cerrado de Ximena estuvieron a punto de estallar.
Esa vieja miserable era más terca que una mula.
Maldita sea, ¡tenía ganas de ahorcarla!
—Está bien. Pero en este momento no tengo dinero. Doña Beatriz, ¿qué le parece si le adelanto diez mil pesos y el resto se lo pago cuando junte la cantidad? No se preocupe, el día que lleguen las cartas de aceptación, le pagaré hasta el último centavo. Si no, ¿cómo voy a tener el valor para dejar a Julián?
—Doña Beatriz, esto sí puede aceptarlo, ¿verdad?
Si volvía a rechazarla, Ximena estaría dispuesta a mandar todo al demonio. Al fin y al cabo, trescientos mil pesos comparados con diez mil eran solo un pelo al gato. No solo se llevaría el dinero grande, sino que también dejaría a la vieja muriéndose del coraje.
Beatriz se quedó rumiando la idea por unos segundos. —De acuerdo, transfiéreme el dinero ahora mismo.
—Ximena, ni se te ocurra tratar de jugarme sucio. Julián Ledesma es mi hijo, por más que yo te presione a ti, él jamás podrá hacer nada en mi contra, pero contigo es muy distinto. Piénsalo bien y date cuenta de qué clase de basura eres.

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