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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 135

En el Corporativo Mondragón.

Mauricio, que acababa de salir de la junta, escuchaba atentamente el reporte de Zacarías sobre la llamada del director.

—Señor Mondragón, ¿de verdad no piensa intervenir? —preguntó su asistente con tono de preocupación.

Mauricio estaba recostado en su imponente silla de cuero, con las manos apoyadas sobre el reluciente escritorio.

Giraba un bolígrafo con lentitud. En la gélida oscuridad de su mirada no se reflejaba ningún indicio de haber percibido la ansiedad de Zacarías.

—¿Intervenir? ¿Y cómo sugieres que lo haga? ¿Quieres que la exponga a un ataque mucho más feroz por parte de Vanesa?

Zacarías se quedó de una pieza y se apresuró a disculparse: —Tiene razón, señor. Fui un iluso al no verlo así.

En efecto, las manos de Mauricio estaban atadas.

Vanesa había ido a cazar a Ana únicamente porque sospechaba de su relación con él. Aunque Mauricio tenía cierta curiosidad por ver de qué era capaz la estudiante para salir de ese enredo, intervenir directamente equivaldría a confirmar los rumores de Vanesa. Y eso solo pondría a Ana en un peligro inminente.

Mantenerse al margen y dejar que Ana lidiará con la situación parecía abandono, pero en realidad era la estrategia más sensata para protegerla.

Vanesa estaba desquiciada, pero se enorgullecía de ser calculadora.

Mientras él se mantuviera impasible, mostrando aparente desinterés, Vanesa no encontraría motivos para estallar. Si daba un solo paso en falso, le estaría entregando en bandeja de plata la excusa perfecta para desatar el caos.

Vanesa no era una matona de poca monta como los esbirros del padre de Ximena. Un paso en falso por parte de Mauricio no solo arrastraría a Ana y su familia al abismo, sino que también pondría en jaque la estabilidad del corporativo.

Mauricio confiaba en la astucia de Ana; una lunática como Vanesa no la doblegaría tan fácil.

A pesar de todo, no podía evitar sentirse levemente inquieto.

—¿Y ella... no mencionó nada más? —indagó, casi con indiferencia.

Como una sutil petición de auxilio, por ejemplo.

Zacarías le repitió al pie de la letra lo que el director le había relatado sobre la conversación de Ana.

Las respuestas de Ana habían sido impecables y blindadas contra cualquier réplica. El único detalle peculiar fue cuando lamentó que Vanesa no hubiera llegado antes, añadiendo que le habría dado una opción alternativa en caso de que él la hubiera rechazado.

Mauricio masticó esa última frase. Conociendo a esa pequeña astuta, seguramente ya se había dado cuenta de que el Investigador Anónimo estaba sobre sus pasos, y no le extrañaría que también hubiera detectado a sus dos guardaespaldas.

—Dile a Octavio Zavala que investigue quién le sopló la información a Vanesa. Para que haya ido directamente por ella, el pitazo tuvo que ser muy preciso.

El asunto del patrocinio era un secreto de estado. Aparte de Ana y de los altos ejecutivos del corporativo, nadie más debía saberlo. ¿De dónde sacó el dato Vanesa?

—Enseguida, señor —respondió Zacarías.

Dio medio giro hacia la puerta, pero se detuvo. —Señor, ¿quiere que yo le envíe un mensaje a Ana, solo para dejarle clara su postura?

A Zacarías le parecía muy cruel dejar a la chica en vilo. Él ya estaba acostumbrado a la frialdad de su jefe, pero Ana era solo una colegiala. Por muy brillante que fuera para los negocios, Vanesa no era ninguna novata. Al verse desamparada sin que ni el director ni Mauricio dieran la cara por ella, podría sentirse muy vulnerable.

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