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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 14

Al día siguiente, lo primero que hizo Ana al entrar al aula fue cambiar de asiento.

Movió su pupitre para sentarse junto a Tatiana, le pidió al compañero que se sentaba con Tatiana que se moviera al lugar de Ximena, y arrastró el pupitre de Ximena para ponerlo junto al de Julián.

Todos los compañeros estaban asombrados, pero nadie se atrevía a decir nada. Por supuesto, siempre había algún osado: —Ana, más te vale aguantar al menos tres días esta vez. No vayas a hacer como siempre, que no pasa ni un día y ya te reconciliaste con Julián, ¡jajaja!

De inmediato, otros estudiantes se unieron a las burlas.

—Leonardo, yo creo que esta vez no será tan fácil que vuelvan. Ximena es la chica más popular del instituto, Julián debe estar brincando de felicidad por dentro.

Tatiana estuvo a punto de gritarles que se callaran, pero Ana la detuvo. —¿Qué tal si hacemos una apuesta? Si Julián y yo llegamos al final del ENIS y aún no hemos regresado, me pagan cien pesos cada uno.

Tatiana se quedó boquiabierta.

—¡Ana, estás loca!

Pero Ana no estaba loca. Al final, sabía que ellos terminarían apostando por su cuenta a escondidas.

Ahora necesitaba dinero, y en la clase sobraba gente entrometida. Ana hizo un cálculo rápido: si ganaba, sería una buena suma.

Leonardo y su grupo se sorprendieron: —Ana, ¿vas en serio?

Ana se cruzó de brazos y los retó: —¿Qué pasa? ¿Tienen miedo?

Leonardo se puso de pie de inmediato: —¡Aquí nadie tiene miedo! Pero, ¿y si tú pierdes?

Ana sonrió: —Les pago doscientos pesos a cada uno, y además invito la cena de graduación. ¿No llevan tiempo soñando con ir al bar del centro? ¿Qué dicen? ¿Nos vamos de fiesta después del examen?

Aunque a Leonardo nunca le había caído especialmente bien Ana, tenía que admitir que esta nueva versión de ella era bastante atractiva. Si las votaciones para la chica más popular del instituto se abrieran de nuevo, con la Ana que estaba viendo ahora, apostaría a que toda la clase votaría por ella.

Así debía ser su representante académica.

—Trato hecho.

—¡Compañeros, hagan sus apuestas! Boletos azules para quienes van por Ana, boletos rojos para quienes van por mí. Pagamos el día que entreguen los resultados del ENIS. Ana, ¿no tienes problema si yo guardo el dinero por ahora?

Leonardo era el representante de deportes. Por ser pura fuerza física y cero cerebro, su padre había movido mar y tierra para meterlo en un grupo con buen nivel académico, esperando que eso estimulara sus neuronas.

Ana aceptó.

En su vida pasada, fue un amigo de hierro. En esta vida, Ana no estaba dispuesta a perderlo.

Si quería tener más éxito que Julián, lo primero que debía hacer era reclutar el mejor talento.

—No hay problema. Si ni siquiera puedo confiar en ti en este salón, ¿en quién confiaré? Leonardo, ajustaremos cuentas el día que den las calificaciones.

El corazón de Leonardo empezó a latir con fuerza.

Se sintió algo extraño.

Dejando de lado que la Ana que tenía enfrente le parecía mucho más atractiva que de costumbre, el simple hecho de que le sonriera... maldita sea, de repente le pareció absolutamente hermosa.

Incluso con esa venda en la frente, sintió que tenía frente a sí la sonrisa de la Mona Lisa.

«Maldición, ¿qué me pasa? ¿Me estoy enamorando a plena luz del día?»

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