Y Ana, por su parte, ignoraba por completo esa atmósfera sutil e indescriptible que se había creado.
En ese momento, un estudiante que acababa de entrar al aula gritó: —Ana, la tutora dice que vayas a la oficina, que tiene algo que hablar contigo. Ve rápido.
Ana no tuvo más opción que decirle a Leonardo: —Leonardo, te encargo esto, voy a ver a la Profesora Helena.
Tatiana frunció el ceño. El cambio de Ana era radical.
El asunto por el que la Profesora Helena había llamado a Ana a la oficina no era otro que el de las solicitudes de ingreso a la universidad.
Pero lo que la dejó perpleja fue: —Ana, ¿estás completamente segura de que quieres aplicar a esta prestigiosa universidad extranjera? Es un cupo especial, y solo los estudiantes de primer lugar tienen posibilidades de ser seleccionados.
La Profesora Helena era una docente sumamente dedicada. Cuando revisó los formularios de opciones universitarias de sus alumnos y descubrió que Julián había optado por la misma universidad que Ximena, casi entra en pánico.
Había hablado con Julián, pero él le respondió: —Profesora, esa es mi primera opción. Usted no puede usar su autoridad para interferir en mi futuro.
Que el mejor estudiante de la generación se fuera a esa universidad de cuarta iba a ser la burla de todos.
Pero, como Julián había señalado, ella solo era la profesora y no tenía derecho a obligarlo. Su única alternativa había sido hablar con Ana, con la esperanza de que lograra convencer a Julián.
Sin embargo, para su sorpresa, Julián seguía en las mismas, pero Ana había modificado su solicitud, borrando la Universidad de Puerto de la Ribera.
Se quedó estupefacta.
¿No lo estaría haciendo para apartarle el cupo a Julián?
Como tutora, conocía perfectamente la estrecha relación entre ambas familias.
—Profesora Helena, estoy completamente segura. Y no tiene de qué preocuparse, todavía queda el último examen de simulación, ¿no? Si en esta ocasión logro el primer lugar de la generación, le ruego que envíe mis documentos. Ah, por cierto, ¿podría facilitarme los requisitos para la beca de esta universidad? Antes de que salgan los resultados del simulacro, tendré listos todos los exámenes y pruebas adicionales necesarios. Es más, para demostrarle mi nivel de compromiso, mañana a mediodía tengo agendada una entrevista para el programa de patrocinio del Corporativo Mondragón. Profesora Helena, realmente deseo esta oportunidad de estudiar en el extranjero con financiamiento, se lo pido encarecidamente.
Ana hizo una profunda reverencia.
En su vida pasada, Ana se encargó de todos esos trámites: correr, llenar los formularios y entregarlos, todo en nombre de Julián.
En aquel entonces, su único propósito era asegurar que Julián ingresara a esa universidad extranjera. Aunque la universidad de la ciudad no estaba mal, Ana consideraba que estudiar en el extranjero le otorgaría una perspectiva distinta.
El éxito que Julián alcanzó en su vida pasada le dio la razón.
Pero en esta vida, Julián solo quería estar pegado a Ximena. Ella no se lo iba a impedir, pero lo que legítimamente le correspondía, Ana no lo dejaría escapar.
En realidad no fue tan drástico. El problema radicaba en que los temas de investigación que Mauricio exigía eran demasiado avanzados. Como Julián no daba la talla, a sus espaldas maldecía a Mauricio, tachándolo de ser un vampiro corporativo y un explotador.
Al verlo tan frustrado, Ana naturalmente se ponía de su lado para criticarlo.
Pero tiempo después, tras haber lidiado personalmente con Mauricio en un par de negociaciones, Ana pensó por primera vez que, si Julián hubiese tenido al menos un tercio de la madurez y la visión excepcional de Mauricio, su vida anterior no habría sido tan miserable ni habría terminado asesinada por él.
—Profesora, confíe en mí. No la defraudaré. Además, hasta que no se publiquen las calificaciones del ENIS, nada está escrito. ¿Quién sabe? Quizás Julián cambie de opinión. Pero sin importar lo que pase, yo deseo profundamente esta oportunidad. Por favor, ayúdeme.
La profesora frunció el ceño. Las calificaciones de Ana eran excelentes, pero para un patrocinador, un décimo lugar y un primer lugar hacían una diferencia abismal.
—Haremos esto, Ana. No te ocultaré la información, te daré los documentos. Como dices, antes de las calificaciones del ENIS, todo es incierto. ¿Quizás en un par de días Julián recapacite? Ya sea tú o él, no quiero arruinar el futuro de ninguno de los dos. Llena los formularios y envíalos a la dirección indicada. Ve a tus tutorías nocturnas, estaré esperando buenas noticias tuyas.
Ana, recibiendo el fajo de papeles como si fuera un tesoro, se inclinó nuevamente: —Gracias, Profesora Helena. Ana Nogales jamás olvidará lo que ha hecho por mí.
La profesora sonrió. Justo cuando Ana volvía al aula aferrada a sus preciados documentos, sonó su celular.
—Dime, papá...
—Hija, Julián me ha bloqueado el teléfono.

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