Beatriz regresó a rastras a su departamento.
En cuanto entró, le echó llave a todas las cerraduras de la puerta.
La imagen de Dante incitado por los vecinos para darle una paliza no dejaba de darle vueltas en la cabeza, y su rostro palideció de terror.
Por suerte, el cobarde de Mateo seguía profundamente enamorado de ella. Aunque supiera que había enviado a Dante a golpear a Julia, Beatriz estaba segura de que él no permitiría que nadie la tocara a ella.
Se sirvió un vaso de agua para intentar calmar los nervios.
En realidad, todo esto era culpa de la maldita Ana. Aunque su artimaña hubiera salido a la luz, Julia igual tendría que haber regresado con su hermano.
Esa estúpida mocosa era un dolor de cabeza, el único obstáculo que le impedía tener a su padre comiendo de la palma de su mano.
Aunque se había librado de los golpes por ahora, eso no significaba que hubiera ganado. Considerando que Julia estaba herida, Beatriz pensó que lo más inteligente sería dar el primer paso y enviarle un mensaje a Mateo.
De esa forma, luciría como una mujer madura y comprensiva, insinuándole entre líneas que, si él le respondía, ella sería magnánima y olvidaría el incidente.
Pero, ¿qué pasaba si él le respondía reclamándole por la golpiza a Julia? ¿Qué iba a decirle? Maldito Dante, resultó ser un bueno para nada. Solo porque existía un maldito acuerdo con esa mocosa, no se había llevado a Julia. ¡Qué rabia! ¿De qué demonios trataba ese acuerdo?
A Beatriz le empezó a doler la cabeza de tanto pensar, así que decidió dejarlo pasar. Con el viaje de ida y vuelta de esa mañana, estaba exhausta. Pensó que lo mejor sería dormir un rato. Seguramente Mateo, el muy cobarde, la llamaría en cuanto terminaran de revisar a Julia en el hospital, y entonces... Beatriz sonrió al imaginar que, con un par de lágrimas y un berrinche, Mateo volvería a caer a sus pies. No había nada que temer.
Sin embargo, jamás imaginó que esta vez, incluso si fingía desmayarse o se arrodillaba a llorar frente a él, Mateo no le dirigiría la palabra.
¡Él la había bloqueado por completo!
En el hospital.
Ana organizó un chequeo médico completo para Julia.
Julia había sido víctima de violencia doméstica durante años, y como la familia Lucero la trataba como a un animal de carga, jamás le habían prestado atención médica.
Al principio, Julia no sabía que Ana le estaba pagando un chequeo general y trató de negarse, argumentando que ya estaba acostumbrada al dolor, que no debía gastar dinero y que un par de días de reposo serían suficientes.
En el fondo, no quería ser una molestia para Ana.
Ana insistió para que cooperara con los médicos. Como Mateo era hombre, se quedó al margen de ciertas revisiones, sobre todo al ver el letrero de "Ginecología".
Aunque no entendía muy bien todos los procedimientos médicos, vio a Ana correr de un lado a otro y prefirió no preguntar, esperando pacientemente en los pasillos mientras trasladaban a Julia de una sala a otra.

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