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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 2

Ana había jurado que, si la vida le daba una segunda oportunidad, haría que Julián Ledesma se arrepintiera por el resto de sus días.

Julián, por su parte, la menospreciaba por completo. Sus ojos, llenos de juventud, irradiaban arrogancia y suficiencia.

—Soy el primer lugar de toda la escuela. Mientras sea yo, sin importar a qué escuela vaya, aunque sea a una universidad de cuarta, todos se pelearán por mí. Abre bien los ojos, Ana, yo no soy como tú. ¡Si en mi vida pasada llegué a ser el más rico, fue por puro mérito propio!

Ana soltó una risa amarga mientras su corazón se retorcía de dolor.

No le dijo a Julián que todas las condiciones y los proyectos clave que él creía haber conseguido por su cuenta para amasar su fortuna, fueron en realidad obra de ella. Ana había movido cielo, mar y tierra en la sombra, allanándole el camino para regalárselo en bandeja de plata.

¡Qué cinismo! ¿Todo por mérito propio? Qué gran chiste.

—Entonces, ya lo veremos, Julián.

Ana no quería verlo ni un segundo más.

¿Cómo podía una persona ser tan despreciable?

—¿Se están peleando?

Ana soportaba estoicamente el dolor punzante en su pecho. Justo cuando estaba a punto de dar la media vuelta para separarse definitivamente de la vida de Julián, una aguda voz femenina, parecida al canto de un canario, rompió la tensión.

Ana levantó la mirada y, antes de que pudiera confirmar si la dueña de la voz era Ximena Jurado, una fuerza bruta la embistió. Chocó violentamente contra la pared mientras las sillas y pupitres a su alrededor caían con estrépito.

Tatiana, una compañera con la que siempre se había llevado bien, corrió a ayudarla a levantarse.

—Ana… ¿estás bien?

La frente de Ana había golpeado contra la esquina de un pupitre, y la sangre comenzó a brotar de inmediato.

Pero ella no emitió ni una queja de dolor.

¡Porque el corazón le dolía muchísimo más!

Ana había imaginado muchas veces qué expresión pondría Julián al ver a Ximena tras renacer juntos, pero definitivamente no esperaba esto:

El momento en que Julián vio a Ximena aparecer en la puerta del salón, esa alegría desbordante, como de alguien que recupera su tesoro más preciado, hirió profundamente a Ana.

Ximena estaba completamente desconcertada. Había pasado por el salón por pura curiosidad tras escuchar a unos compañeros decir que Julián y Ana se estaban peleando.

Todos en el Instituto Nacional de la Ribera conocían a Julián Ledesma y Ana Nogales; eran inseparables, como siameses.

Desde la secundaria, si Julián era el presidente de la clase, Ana era la encargada de estudios. Algunos incluso bromeaban apostando si sus familias los habían comprometido desde la cuna. Se preguntaban si ya habrían roto las reglas a escondidas.

Ximena no creía que estaban peleando. ¿Pelearse? Qué tontería. Ana siempre era la sombra de Julián, y él era tan sumiso que, si ella le decía que caminara hacia el este, él jamás volteaba al oeste.

Todo porque Ana le iba con el chisme a la madre de Julián, y la señora no dudaba en darle una paliza.

Ximena solo había venido a ver el drama, y no esperaba que Julián la abrazara de repente diciéndole cosas tan ambiguas.

Antes había fantaseado con que, siendo él tan guapo y tan buen estudiante, si lograba seducirlo para que fuera uno más de sus admiradores, sería una victoria espectacular para su historial amoroso.

—Julián, por favor, suéltame. ¿Qué estás haciendo? Todos los compañeros nos están viendo —dijo Ximena con un tono excesivamente mimado y una vocecita infantil.

Al escucharla, a Ana se le revolvió el estómago. Seguramente, en esta vida, Ximena estaría insoportablemente presumida.

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