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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 22

Mateo bajó la mirada.

Desde el momento en que había cargado a Beatriz hasta el hospital y escuchado la recomendación del doctor, ya había tomado la decisión de quedarse a cuidarla.

Llamar a Ana, además de ponerla al tanto de la situación, era principalmente para pedirle que le comprara algunos artículos de higiene personal que Beatriz necesitaría. Él podía comprarlos, pero sabía que había ciertos detalles que una mujer entendería mejor, y confiaba en que Ana, siendo joven y atenta, se encargaría de ello si le daba el dinero.

Durante doce años, Mateo jamás consideró que Beatriz y él fueran dos familias separadas.

Era un hombre terco, de ideas fijas, y su corazón le pertenecía por completo a Beatriz. Su único deseo era compartir una vida tranquila y honesta a su lado.

Pero ese día, Julián no solo le había escupido en la cara que su madre jamás se casaría con él, sino que también lo había bloqueado en el celular. Viendo a Beatriz postrada, Mateo no pudo evitar pensar que, tal como Ana advirtió, Julián realmente creía que él había instigado a su madre a llamar a la policía.

Incluso si no fuera el caso, Julián no era su hijo de sangre. Por más que lo criara, la sangre llamaba a la sangre. Julián siempre lo culparía, le guardaría rencor y, probablemente, terminaría asqueado de él.

Pero Mateo creía que lo más importante en esta vida era tener la conciencia limpia.

Decidió, una vez más, no tomar en cuenta las rabietas de los jóvenes. Pero entonces escuchó a Beatriz estallar, actuando como si fuera la víctima de la peor injusticia del mundo:

—¡Váyanse todos! No, apártense, me voy yo sola. Todavía no estoy paralítica como para que me traten con tanto desprecio y decidan por mí.

Beatriz hizo el ademán de quitarse las sábanas. No necesitaba a un cobarde como Mateo fingiendo que sufría por ella.

Se llenaba la boca diciendo que quería una vida honesta a su lado. Claro, mientras todo estuviera bien. Pero al menor problema, como ahora, ¿ni siquiera quería cuidarla en el hospital y esperaba que pagara por una enfermera?

Las palabras de los hombres se las llevaba el viento. ¿Conque creía que su hija tenía razón? ¿Que sin papeles de matrimonio no había derecho a exigir nada? En pocas palabras, no quería mover un dedo.

¿A quién intentaba engañar con esa cara de perro apaleado?

¡A ella, Beatriz, le sobraba dignidad para soportar eso!

Y sobre todo esa chiquilla, Ana Nogales. Si no era capaz de retener a Julián y dejaba que él se fijara en Ximena, era su problema, pero ¿incitar a su padre para que dejara de ser su cargador gratuito?

¡Qué falta de ambición!

Usaba todas sus artimañas en su contra, vigilándola como si fuera una ladrona. Menos mal que nunca la quiso como nuera.

—Será mejor que te vayas. Aún no piso el altar y ya quedé como la madrastra malvada oprimiéndote. Mateo, yo trabajo en mi propio negocio y me gano mi dinero, jamás te he pedido un centavo. Cualquiera que te escuche pensaría que me mantienes. Julián, ve a tramitar mi alta. Yo enviudé a los veintiocho años y te crie sola. Tengo dignidad, no voy a rogarle favores a nadie ni a humillarme.

—¡Ve rápido! Si no vas, voy yo misma a tramitarla.

Mateo perdió la paciencia por completo.

—¡Nadie está diciendo que dependas de alguien! ¡Deja de hacerte la mártir, por el amor de Dios! Ana...

—¡Suficiente! ¿Ya terminaron de discutir? Estamos en un hospital, llevan gritando y llorando desde que entraron, los de la cama de al lado nos están viendo como si fuéramos un circo —interrumpió Julián bruscamente.

Aunque por fuera Julián luciera como un joven de dieciocho años, su alma pertenecía al futuro hombre más rico de Puerto de la Ribera. Esa presencia implacable y resolutiva todavía habitaba en él.

—¿Tanto drama por treinta mil pesos? Mamá, la próxima semana es el Certamen Metropolitano de Física y el premio del primer lugar es de cincuenta mil pesos. Me inscribiré y te traeré ese dinero. Y que quede claro, en esta familia no falta dinero, y menos dignidad. Como tú dijiste, me criaste sin ayuda de nadie. Nosotros mismos pagaremos nuestra enfermera privada, no necesitamos molestar a nadie. Evitemos los chismes; que no vayan a pensar que no podemos vivir sin esta familia.

—Y no te enojes más. En el futuro, tu hijo ganará muchísimo más dinero para llenarte de orgullo.

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