Beatriz amaneció de tan buen humor hoy que al abrir su puesto de comida ignoró por completo la ausencia de Mateo.
La noche anterior estuvo a punto de llamarlo para llenarlo de insultos venenosos, pero al recordar que Julián competía hoy en el certamen y le traería los cincuenta mil pesos, prefirió no echarse la sal.
Como regalo, le entregó un plato de encurtidos gratis a cada cliente que entraba. Los comensales habituales la miraban con agradable sorpresa: —Doña Beatriz, ¿acaso se sacó la lotería?
Para una mujer sola, sacar adelante a un hijo y mantener un negocio a flote no era tarea fácil. Sin embargo, a los vecinos y clientes les importaba muy poco su lado trabajador; lo que más disfrutaban era el chisme de su supuesta prosperidad económica y de cómo traía a Mateo comiendo de la palma de su mano.
Antes de que Beatriz pudiera mandarlo a callar, otro de los clientes habituales interrumpió: —Seguro es porque Don Mateo por fin se puso las pilas y usó su motocarro para vender comida para llevar, y como a Doña Beatriz le va a ir mejor en la vida, quiso compartir su alegría con nosotros.
Beatriz, que estaba a punto de alardear que su hijo le iba a traer cincuenta mil pesos ese mismo día, se quedó pasmada: —¿Qué motocarro para vender comida? A ver, Don Eladio, explíquese bien.
Don Eladio, sintiéndose el centro de atención, respondió: —Ay, Doña Beatriz, no se haga la que no sabe. ¡Uy, no me diga que metí la pata y le arruiné la sorpresa que Don Mateo le tenía preparada!
Don Eladio era famoso por no tener filtros en la boca, pero no parecía estar bromeando: —Perdóneme, Doña Beatriz. Fíjese que esta mañana Don Mateo pasó a mi local a comprar unos contenedores grandes, y me dijo que eran para vender comida. ¿A poco no fue usted quien lo mandó?
Beatriz se quedó de una sola pieza: —...
—Es que la cosa no cuadra. Don Mateo me aseguró que lo iba a usar para el negocio de las viandas. Antes de venir acá le estaba diciendo a mi mujer: 'Pobre Don Mateo, cómo le gusta matarse trabajando; no le basta con venir a ayudar a Doña Beatriz en el puesto, sino que ahora tampoco quiere quedarse atrás y va a repartir comida para sacar más billetes'.
—Doña Beatriz, ¿en serio no fue idea suya lo de los almuerzos a domicilio?
Los clientes estallaron en risas, divirtiéndose con la expresión desorientada y casi cómica de Beatriz. Un comensal que había estado ahí el día anterior agregó: —Oiga, Doña Beatriz, y a todo esto, ¿dónde está la mujer que estuvo ayudando aquí en su local ayer? ¿Qué no era una prima lejana de Don Mateo? Ay caray, la verdad se veía muy trabajadora, moviéndose para todos lados sin parar.
—Oiga, ¿no será que Don Mateo le compró el motocarro a ella? Uy, entonces eso significa que ya no va a tener tiempo para venir a echarle la mano al puesto.
—Doña Beatriz, ¿por qué no le echa una llamada a Don Mateo para salir de dudas? No vaya a ser que nosotros estemos aquí hablando puras barbaridades y le armemos un chisme de a gratis.
Beatriz estaba tan furiosa que sentía que le hervía la sangre. Si la noche anterior no llamó a ese cobarde de Mateo fue precisamente para no traerle mala suerte a Julián en su competencia y darle tiempo al otro para que recapacitara y pidiera perdón. Y ahora resulta que este infeliz le había comprado un motocarro a esa aparecida para vender comida. ¿Con quién se creía que estaba jugando a la familia?
Mira nada más a este desgraciado, dándose el lujo de hacer lo que le venga en gana como si ella estuviera pintada en la pared. Beatriz fue directo a la caja registradora y sacó su teléfono celular. Iba a llamar a Mateo para ponerlo en su lugar, pero se detuvo en seco. ¿Por qué le iba a importar a ella a qué golfa le compraba un triciclo o vendía almuerzos?
¡Claro, seguro era una táctica barata para darle celos! Sí, sin duda alguna, seguro fue la víbora de Ana quien le sugirió esa estupidez. Como ella se negaba a firmar el acta de matrimonio, ahora él fingía coquetear con otras mujeres para presionarla.
¿Creía que ella iba a ceder así de fácil? ¿Creía que iba a poner el resto de su vida en sus manos por un berrinche infantil? ¡Ni en sus sueños! ¡No era tan idiota!


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