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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 77

Mateo se quedó mirando la pantalla del celular con expresión distraída. Julia, al notar su semblante confundido, le preguntó: —¿Pasó algo malo, Mateo? ¿Qué le dijo Doña Beatriz?

Mateo procesó la información unos segundos antes de responder: —Me dijo que le hablara a Ana, y que te llevara conmigo a comer a El Mesón de Ricardo.

Julia se quedó pasmada: —¿A comer? ¿Por qué de repente Doña Beatriz nos invita a comer a un restaurante?

Mateo se encogió de hombros: —Dice que quiere agradecerme porque le dieron de alta del hospital y porque Julián está compitiendo hoy en su certamen.

Hasta el propio Mateo sintió un escalofrío al repetir las palabras.

No es que a Mateo le pareciera mal que Beatriz tuviera ese detalle, pero era la primera vez que pasaba algo así en doce largos años.

¡Tanta amabilidad de golpe tenía que esconder algo turbio!

Sin embargo, Mateo no lograba descifrar dónde estaba la trampa. A fin de cuentas, la noche anterior ella fue hasta su casa para dejarle los mil doscientos pesos; tal como había dicho Ana, quizás Beatriz no era tan mezquina después de todo.

Julia pareció entender la situación y sonrió con ligereza: —Seguramente es porque su hijo va a ganar esos cincuenta mil pesos hoy. Doña Beatriz debe estar tan feliz que quiere celebrarlo. No le dé tantas vueltas al asunto, Mateo.

Mateo asintió con la cabeza: —Debe ser eso. Pero, ¿a poco el certamen termina tan rápido?

Mateo miró la hora en su celular. Solo esperaba que Ana no se sintiera triste o desanimada; al final del día, daba igual si ella o Julián se llevaban la victoria, los dos eran unos muchachos brillantes.

Mateo aceleró el motocarro de regreso al barrio, completamente ignorante de una realidad innegable: Ana no se iba a desanimar... porque ella era quien iba a ganar.

En la sede del certamen.

—¿Ya terminaron de revisar sus fórmulas? ¿Están cien por ciento seguros de sus resultados finales?

Mauricio Mondragón estaba sentado cómodamente en una lujosa silla que el Director Sergio había mandado a traer especialmente de su oficina.

Apoyaba la espalda con relajación, cruzando sus largas piernas con una elegancia desbordante que rozaba la displicencia.

En las gradas, los alumnos se miraban entre sí consternados. Los participantes que ya habían sido eliminados, así como los curiosos aficionados a las ciencias exactas, habían intentado resolver el problema desde sus asientos, pero nadie lograba llegar a los mismos resultados que Ana y Julián.

Leonardo sudaba a mares, agobiado por el calor y los nervios: —¿Y entonces quién de los dos tiene el resultado correcto?

En el estrado, los maestros seguían murmurando entre ellos, pero la respuesta final ya era un secreto a voces.

Julián estaba absolutamente seguro de que no podía perder. Él y Ana habían utilizado enfoques matemáticos completamente distintos, pero el desarrollo lógico era casi paralelo. La única diferencia era el número final: el de él era un -1, y el de Ana era un 0.

Al darse cuenta de esto, Julián dejó escapar una sonrisa lúgubre y sombría: —Ana Nogales, perdiste.

Ximena sentía que el corazón se le salía por la garganta. Aunque estaba consciente de que no tenía madera para el estudio, ver a Julián destrozando fórmulas complejas con tanta seguridad la dejó hipnotizada.

—¡Ya den el resultado, por favor, me estoy muriendo de los nervios! —exclamó, con las palmas de las manos empapadas en sudor frío.

Este era el sexto problema de desempate de la ronda definitiva. Si ambos tenían respuestas diferentes, significaba irremediablemente que uno de los dos estaba equivocado.

Zacarías Yepes miró de reojo a Mauricio, quien lucía como un auténtico rey en su silla. Su rostro se torció en una mueca irónica; no necesitaba que el director anunciara al ganador, él ya sabía perfectamente quién había triunfado.

Esa estudiante, Ana Nogales, lograba sacudirle el cerebro cada vez que se cruzaban en el camino.

Capítulo 77 1

Capítulo 77 2

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