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Renacer: Reina de Oro, Ex de Barro romance Capítulo 80

Ximena no podía creer lo que estaba escuchando. A pesar de todo el desastre, lo único que pasaba por la mente de Julián en ese instante era su promesa hacia ella.

Este chico de verdad la amaba con locura.

Claro, todo eso era porque él aún no conocía su verdadera y retorcida naturaleza. En el instante en que descubriera quién era realmente Ximena Jurado, se portaría igual de agresivo que cualquier otro hombre.

—Julián, por favor no me pidas perdón. No digas esas cosas.

—Ana trajo a su patrocinador para aplastarnos, y nosotros, que no tenemos ni un peso en la bolsa, jamás podríamos haberle ganado a Mauricio Mondragón. En lugar de torturarte por el dinero, deberías preocuparte por cómo te van a mirar los demás alumnos mañana en la escuela. Y además... —Ximena bajó la mirada, fingiendo ser el alma más empática del mundo—: ¿Qué le vas a decir a Doña Beatriz?

Julián la atrajo hacia su pecho, abrazándola con desesperación mientras su voz se quebraba: —Mena, eres un ángel. ¿Por qué tienes que ser tan compasiva con alguien como yo?

Estaba convencido de que se había sacado la lotería con ella.

Aún en medio del caos, ella solo pensaba en protegerlo.

No como Ana, que a sabiendas de que esos cincuenta mil pesos eran de vida o muerte para él, no dudó ni un segundo en arrebatárselos como una hiena.

¿Acaso no le bastaba con haber cedido una sola vez? ¿Cuántas veces más quería obligarlo a humillarse y dejarle el camino libre?

En ese preciso momento, un hombre corpulento de aspecto fiero, con un tatuaje siniestro en la cabeza, apareció de la nada escoltado por tres pandilleros armados con bates de béisbol.

—¡Ya la encontramos! ¡Agárrenla y súbanla a la camioneta!

El rostro de Julián perdió el color en un segundo, y su instinto lo hizo empujar a Ximena a sus espaldas para cubrirla.

Al escuchar la voz del sujeto, a Ximena le temblaron las rodillas: —Don... Don Quinto...

Era uno de los subordinados de su propio padre, a quien ella misma había contratado para montar toda esta escena.

No es que Ximena fuera un monstruo sin corazón, pero Julián le había jurado que ganaría el certamen. Como ya había perdido los cincuenta mil pesos y ella ya había 'sacrificado' su cuerpo por él, de alguna manera iba a forzarlo a conseguir la plata. Si todo esto salía a la luz, ¿cómo diablos lo iba a resolver?

Además, no olvidaba que el primer lugar del ENIS venía con un jugoso cheque de trescientos mil pesos. Iba a exprimirlo hasta el final.

—Vaya, vaya, mi chula. Sí que me diste trabajo para encontrarte. Veo que el certamen ya terminó, ¿dónde está mi dinero? Ah, solo un hombre con mi paciencia dejaría que te escondieras por tantos días. —Quintino, el prestamista, fumaba un cigarro con una pose de mafioso de quinta.

Ximena se tiró al piso de rodillas, derramando lágrimas dramáticas: —¡Don Quinto, por piedad, deme unos días más! El certamen... el certamen... —A Ximena 'se le cerró la garganta' incapaz de decir en voz alta que Julián había sido un perdedor.

A Quintino le asqueaban los deudores llorones. Tiró el cigarro al piso y lo pisó con fuerza: —¡Déjate de lloriqueos baratos! Si no tienes para pagar, entonces vas a tener que acostarte conmigo.

Dio un paso al frente y le jaló el cabello a Ximena sin piedad. Como era de esperarse, Julián saltó en su defensa gruñendo: —¡Suéltala, desgraciado!

Pero ni siquiera logró acercarse antes de que Quintino le acomodara una patada brutal en el abdomen.

Julián se desplomó de rodillas contra el pavimento.

El dolor del golpe que Mauricio le había dado horas antes seguía quemándole las entrañas, y esta nueva patada de Quintino, que venía con toda la mala intención de lastimarlo, lo dejó sin aliento, incapaz de levantarse.

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