La sala de juntas del Grupo Solís era un lugar diseñado para intimidar. Una mesa de mármol negro pulido, rodeada de sillas de cuero que parecían tronos, y con un ventanal que ofrecía una vista panorámica de toda la capital.
Era el centro neurálgico del poder de la familia.
Y ese día, era el escenario de la humillación pública de Rodrigo Solís.
Toda la junta directiva estaba presente. Don Julio en la cabecera, flanqueado por su hijo Ricardo, el padre de Rodrigo, un hombre silencioso y sombrío. El resto de los asientos estaban ocupados por tíos y ejecutivos de alto nivel.
Rodrigo estaba sentado a la derecha de su padre, con el rostro pálido y los labios apretados en una línea fina.
Magdalena entró la última, acompañada por Camilo. Tomó asiento frente a su primo.
La reunión comenzó. Después de revisar los informes de las otras divisiones, llegó el turno de "Solís Couture".
Don Julio miró a Magdalena.
—La palabra es tuya.
Magdalena se levantó. No usó una presentación de PowerPoint. No necesitaba gráficos para ilustrar una victoria tan aplastante.
Con una voz clara y concisa, presentó los resultados. Habló de la reestructuración, de la nueva colección, del éxito del desfile. Y luego, dio los números.
Las cifras de ventas. Los pedidos internacionales. Las proyecciones de beneficios.
A medida que hablaba, un silencio de asombro se apoderó de la sala. Los miembros de la junta se miraban unos a otros, incrédulos.
Cuando terminó, el silencio se rompió por un aplauso espontáneo, liderado por uno de sus tíos. Pronto, toda la sala, excepto Rodrigo y sus padres, estaba aplaudiendo.
Magdalena miró directamente a su primo a través de la mesa. Su expresión era neutra, pero sus ojos contenían un triunfo gélido.
Don Julio esperó a que los aplausos se apagaran.
—Impresionante —dijo, su voz resonando con autoridad—. Magdalena no solo ha salvado una división que todos dábamos por muerta, sino que la ha convertido en una de las joyas de nuestra corona. Ha demostrado una visión y una capacidad de ejecución que no he visto en esta familia en mucho tiempo.
Luego, su mirada se posó en Rodrigo. Y se endureció.
—Por otro lado, también he recibido informes. Informes de sabotaje. De proveedores amenazados. De campañas de desprestigio.

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