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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 240

Pero viendo la situación en la que estaba ahora la familia Sánchez, con su papá todavía postrado en la cama del hospital esperando el dinero para su tratamiento, era increíble que esas dos salieran a derrochar como si nada.

No podían ser más irresponsables.

Alejandro se llevó la mano a la frente, agotado, y dijo con voz cansada:

—¿No les dije ya que no podemos seguir gastando así? Mañana mismo devuelvan todo eso. Tenemos muchas cosas más importantes para usar el dinero, no podemos andar despilfarrando.

Ese dinero ni siquiera lo habían gastado ellas, Isabella por dentro maldecía a Alejandro, pensando que no servía para nada.

Ella frunció el ceño, fastidiada.

—Jandro, mi hija y yo ya llevábamos mucho tiempo sin comprar ropa ni accesorios.

Celeste también le hacía segunda, igual de molesta.

—Sí, papá, en la escuela siempre tengo que ir con uniforme, y mis compañeros hasta se burlan de que estamos en la ruina, que ni ropa decente tengo para ponerme.

Y claro, ese regalo se lo había dado su propio papá, ¿cómo iba a querer devolverlo?

En ese momento, el ruido que hacían abajo llamó la atención de Diego Sánchez y Héctor Sánchez, que bajaron de inmediato.

—¿Qué pasa? ¿Por qué tanto alboroto? —preguntó Diego, con el entrecejo arrugado.

Héctor echó una mirada rápida a las bolsas que cargaban Isabella y Celeste, y enseguida se imaginó lo que estaba pasando.

A él no le veía nada de malo, al contrario, volteó a ver a Alejandro con cara de fastidio.

—Ay, papá, ¿y por eso haces tanto escándalo? Si la señora y Celeste solo compraron unas cosas, ¿de verdad te vas a enojar por eso? Qué codo eres, la neta.

—¡Cállate! —de repente, Alejandro lo fulminó con la mirada, tan molesto que parecía que iba a explotar ahí mismo.

Con un tono seco, disparó:

—¿En serio no entiendes cómo están las cosas en la familia? El abuelo sigue hospitalizado y necesita dinero, y luego tú y Celeste también van a necesitar para la universidad. La familia Sánchez ya no es lo que era antes, tienen que quitarse esa costumbre de gastar sin pensar.

Héctor se encogió de hombros, completamente despreocupado.

—Ay, papá, no exageres. Aunque la familia Sánchez se haya ido a la quiebra, yo y mi hermano vamos a poder ganar nuestro propio dinero. Mientras estemos juntos, la familia nunca va a estar tan mal como para dejar que la señora y Celeste sufran.

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