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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 246

Esa mirada de Alonso le resultó incómoda a Vanessa. Arrugó el entrecejo y, sin acercarse más, se quedó de pie a un metro de distancia, observándolo con calma, casi con desdén.

Sin rodeos, Vanessa fue directo al grano, saltándose cualquier saludo innecesario:

—Alonso, quiero saber cuál fue el precio que Tomás puso por ayudarte a conseguir el medicamento para alargar tu vida.

—¿Qué precio? Es mi hijo, pedir ayuda para conseguir una medicina es lo normal, ¿no? —respondió Alonso, evadiendo su mirada y con un brillo inquieto en los ojos. Rápido se recostó de nuevo en la cama, queriendo dar por terminada la conversación.

Como vio que él no tenía intención de decir la verdad, Vanessa no se apuró. Se sentó tranquilamente en el sofá cercano, tomó unas semillas de girasol de la mesa y empezó a comerlas despacio, disfrutando del momento antes de hablar de nuevo:

—Alonso, ya sé dónde están viviendo tu amante y el hijo que tienes fuera del matrimonio.

La cara de Alonso cambió de inmediato. Se sentó de golpe en la cama, la sorpresa y el miedo pintados en cada arruga.

—¿Tú… tú cómo sabes eso?

Vanessa solo lo miró, como si estuviera viendo a través de él, y con una sonrisa entre burlona y tranquila le contestó:

—Mira nada más qué ágil eres, ¿dónde quedó el enfermo? ¿No estarás fingiendo, verdad?

—No digas tonterías —replicó Alonso, encendido de vergüenza y enojo, como si le hubieran descubierto su más grande mentira.

Vanessa se deleitaba viendo a Alonso en esa situación. Pausó un momento y, con voz relajada, añadió:

—Si no quieres decirme la verdad, entonces tendré que buscar directamente a ellos. Eso sí, si la prensa y mis amigos periodistas se enteran, no puedo prometerte que no salga en todos los medios.

Mientras decía esto, Vanessa hizo el amague de levantarse para irse.

El pánico se reflejó en el rostro de Alonso. Rápido la detuvo:

—¡Espera, no te vayas!

Como Vanessa no se detenía, Alonso empezó a toser de puro nervio.

—Está bien, te lo diré, ¿contenta?

Solo entonces Vanessa se sentó de nuevo en el sofá, tranquila y segura de sí misma.

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