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Rosas Renacidas con Espinas romance Capítulo 280

No necesitó que la presionaran, solita se delató. No solo era mala, también bastante ingenua.

Celeste, llena de rabia hasta apretar los dientes, aguantó la vergüenza y siguió hablando:

—Vanessa, los problemas de casa no se ventilan en público. No importa lo que haya pasado, no deberías andar contando tus vergüenzas frente a tanta gente. ¿Y si esto mancha la reputación de la escuela? Deberías pensar primero en el bien de todos.

¿Vergüenzas?

Vanessa soltó una risa cargada de ironía.

—¿Perdón? ¿Que me hayan robado es una vergüenza mía? Soy la víctima, ¿cómo se te ocurre llamarlo así?

Era imposible para Vanessa entender la lógica retorcida de Celeste.

Se tomó un segundo y replicó:

—Y además, Celeste, ¿estabas sorda cuando hablé hace un rato? Ya le pedí permiso al director para hacer esto, así que no necesito tu visto bueno.

—Por si fuera poco, yo no veo a los papás del Colegio Nueva Alameda ni a los estudiantes de la Preparatoria Bilingüe y de otras escuelas como extraños. Los papás de nuestro colegio y los estudiantes de todas las escuelas de Nueva Alameda tienen derecho a saber las cosas buenas y malas que pasan aquí. Que los papás estén al tanto de esto es una forma de cuidar a sus hijos, así pueden estar más pendientes de ellos. Si todos supiéramos lo que sucede, seguro habría menos casos de acoso escolar. Además, los alumnos de otras escuelas y los nuestros formamos una misma comunidad en Nueva Alameda. Cualquier día pueden entrar a estudiar aquí, así que tienen derecho a saber lo que pasa, tanto lo bueno como lo malo. Así, si algún día llegan, podrán protegerse mejor.

Las palabras de Vanessa tocaron fibras profundas entre los papás del Colegio Nueva Alameda y los estudiantes de las otras escuelas.

—Claro, ¿cómo va a ser una vergüenza? ¿Acaso somos extraños entre nosotros? —comentó una mamá, indignada.

—La verdad, lo que dijo Vanessa estuvo buenísimo. Me puso de buenas, me sentí tomada en cuenta, como familia —agregó otra.

—Esta niña sí tiene visión. Si mi hija estudia con alguien así, seguro le va a ir bien en la vida —dijo un papá con orgullo.

—Ahora que lo pienso, la semana pasada mi hija llegó con sangre en el uniforme. Me dijo que se había caído, pero la vi rara. Ese día andaba apurada con el trabajo y ni le pregunté bien. Ya me entró el miedo... llegando a casa, tengo que platicar con ella —admitió otra madre, preocupada.

Los estudiantes de otras escuelas también se quedaron boquiabiertos con el discurso de Vanessa.

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