Entrar Via

Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 12

Alexander dio un largo trago a su copa. Después miró a Lucía y a Saúl. Bastó ese simple gesto para que ambos abandonaran el comedor, dejándolos completamente solos. Todo indicaba que Valentina ya estaba algo tomada.

—¿Qué estás planeando, Valentina? —preguntó sin rodeos.

—¿A qué te refieres? —respondió ella, frunciendo ligeramente el ceño.

Alexander soltó un suspiro. Desde la noche anterior, después de aquel beso, Valentina había cambiado por completo. Lo invitó a comer, quiso cenar con él y ahora estaba bebiendo vino, cuando sabía perfectamente que no le gustaba. Todo era demasiado extraño para ser una simple coincidencia.

Valentina bebió el vino de su copa de un solo trago. Alexander arqueó las cejas sin poder detenerla.

—Quiero venganza. —dijo ella, sin ser consciente de sus palabras.

—¿Venganza? —repitió Alexander—. ¿De mí?

Valentina negó con la cabeza. Recordó todo lo que había ocurrido la noche anterior. La traición de Anthony y Miranda. Había amado a Anthony durante tantos años y confiado plenamente en Miranda.

Ellos simplemente se burlaban de ella. Por supuesto que quería venganza. Quería destruirlos, aplastarlos como las ratas que eran.

Pero ella no tenía el poder suficiente. Ni siquiera tenía poder. Para eso debía seducir al único hombre capaz de destruirlos con solo mover un dedo: su esposo.

Se levantó de la silla, tambaleándose ligeramente. Alexander se puso de pie de inmediato para ayudarla, pero apenas la sostuvo, Valentina se dejó caer en sus brazos y rodeó su cuello con los suyos.

—No me había dado cuenta de que tengo un esposo jodidamente sexy. —susurró—. Dime una cosa... ¿eres bueno cogiendo?

Alexander soltó una risa ronca y baja. Sus manos bajaron de su cintura hasta el inicio de sus nalgas.

—Estás borracha —murmuró él.

—No evadas mi pregunta. —siseó ella, haciendo un ligero mohín.

Alexander volvió a reír. Definitivamente, una Valentina tomada era jodidamente peligrosa para su autocontrol.

—Lo soy... o eso me han dicho. —respondió finalmente.

Ella frunció el ceño. Ya no pensaba con claridad. La sola idea de que otras mujeres hubieran sido cogidas por Alexander le provocó una punzada de rabia.

—Entonces, ¿tienes una amante? ¿Con cuántas mujeres has estado desde que nos casamos? —cuestionó con el ceño fruncido.

Alexander arqueó una ceja, divertido. Jamás imaginó que Valentina le haría una pregunta así.

—¡Responde! —exigió ella.

—Valentina... sí tengo una amante o no, no es algo que deba explicarte. Tú aprovechas cualquier oportunidad para correr a revolcarte con Anthony Solís.

Valentina sintió una punzada por esas palabras. Era cierto. Había corrido a los brazos de Anthony más de una vez, pero nunca habían pasado de simples besos. Ella seguía siendo virgen.

—Termina con tu amante. —dijo ella—. Déjame ocupar su lugar.

—¿Sabes lo que estás diciendo? —bramó Alexander.

A pesar del enojo que empezaba a sentir, no se atrevió a apartarla. Apenas podía mantenerse de pie y no estaba dispuesto a dejar que se cayera o se lastimara.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo