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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 13

Valentina despertó con un fuerte dolor de cabeza. Dio varias vueltas sobre la cama antes de abrir los ojos por completo. Sentía la boca seca y el estómago revuelto.

—¿Qué demonios pasó...? —murmuró.

Se llevó una mano a la frente y empezó a hacer memoria. Recordaba la cena con Alexander. El vino. Después... todo era confuso. Imágenes sueltas aparecían en su cabeza, pero ninguna tenía sentido.

— Mierda—susurró, levantándose de la cama.

Fue entonces cuando vio su vestido tirado en el suelo, junto a los tacones. Se miró de inmediato. Llevaba puesto un camisón de seda blanca, con un escote en V y corto hasta el inicio de los muslos.

Las imágenes le golpearon la mente de golpe: las preguntas indecentes que se había atrevido a hacerle, la intensidad con la que se habían besado y el recuerdo exacto de cómo sintió su dureza contra la entrepierna. Su rostro se enrojeció al recordar lo descarada que había sido.

—¿En que estabas pensando, Valentina? —se recriminó, echándose aire con las manos.

De pronto, la propuesta de Alexander le vino a la cabeza: la provocación directa después de que ella insistiera tanto en saber el tamaño de su miembro.

—¿Estará en la ducha en este momento?

Se quedó inmóvil. Aunque tenía lagunas, estaba clara en algo: él se había quedado con ganas. Recordar su erección chocando contra su vagina le mojó la braga al instante. Tenía que ir a comprobar qué tan grande la tenía.

—Bueno... —murmuró mientras se ajustaba el albornoz— Mirar no le hace mal a nadie

Salió de la recámara y caminó hasta la de Alexander. Fue entonces cuando se dio cuenta de que sería la primera vez que entraría ahí. Lo único que la hacía sentirse segura era que en ese piso solo había dos recámaras.

Se quedó de pie frente a la puerta de Alexander. Dudó en entrar. Si lo hacía, tal vez esa vez sí se enojaría.

—No... Después dirá que eres una cobarde, y no lo eres.

—Buen día, señora. —La interrumpió Saúl antes de que lograra abrir la puerta.

— Buen día. —Valentina se sobresaltó y miró al mayordomo.

—La señorita Evans la espera abajo. —informó.

Valentina entrecerró la mirada. Miranda había llegado en el peor momento. Clavó la vista en la puerta de la recámara de Alexander y luego en la bandeja que Saúl sostenía entre las manos. Sobre ella había una taza de café.

De mala gana se alejó de la puerta. No pensaba regresar a su recámara para cambiarse. Recibiría a Miranda Evans en pijama e inventaría cualquier excusa para despacharla lo más rápido posible.

….

Alexander salía del baño, con una toalla envuelta de la cintura hacia abajo y otra alrededor del cuello.

—Buen día, señor. —dijo Saúl al entrar con la taza de café que cada mañana le llevaba.

—Saúl. —respondió.

Por un momento pensó que Valentina aparecería para darle la respuesta a su pregunta, pero al ver que no fue así, sintió una extraña mezcla de molestia y decepción.

¿Qué esperaba? Anoche estaba demasiado tomada. Ella literalmente lo odiaba. Esa amabilidad, ese interés repentino, no podían haber surgido de un día para otro.

—La señorita Evans ha llegado. —dijo Saúl. Tenía órdenes de informar cada vez que la señora Hart recibiera visitas, sobre todo si se trataba de Miranda.

—¿Mi esposa ya despertó? —preguntó Alexander, tomando la taza de café entre sus manos.

—Cuando fui a avisarle que la señorita Evans había llegado, la encontré frente a la puerta de su recámara.

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