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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 15

Alexander la recorrió con la mirada. Llevaba un vestido color crema con escote en V. La tela se ajustaba a su cintura y la falda, corta y de corte campana, terminaba a mitad de los muslos. Era un vestido sencillo, pero le quedaba demasiado bien. No necesitaba nada más para llamar la atención.

—La señora Lucía se encargó de preparar algo ligero. —dijo Valentina mientras caminaba hasta el escritorio.

Alexander sonrió para sí. Se había concentrado tanto en el trabajo que terminó olvidando la invitación al almuerzo. Había decidido no bajar la guardia con Valentina, pero ella parecía empeñada en hacerle las cosas difíciles.

—¿Dónde comeremos? —preguntó ella con una sonrisa inocente, deteniéndose frente al escritorio.

—Allá. —Alexander señaló la sala privada de su oficina. Un sofá negro rodeaba una mesa de centro de cristal.

Valentina asintió y caminó hacia el sofá, aumentando más de lo normal el movimiento de sus caderas a propósito. Alexander no desaprovechó ni un segundo el espectáculo que ella le estaba regalando.

—Estoy jodido. —murmuró para sí.

Se levantó del asiento y caminó hasta ella. La observó sacar los recipientes con el almuerzo que la señora Lucía había preparado. Esa mañana juró que no volvería a ilusionarse con Valentina. Ahora empezaba a creer que cumplir esa promesa sería mucho más difícil de lo que imaginó.

—La señora Lucía dijo que esto te gusta —comentó Valentina, mirando los platillos.

Alexander asintió parado justo detrás de ella, pero no le estaba prestando atención a la comida, sino clavados en sus piernas largas y en las nalgas firmes que se moría por volver a azotar.

Valentina se mordió el labio inferior. No podía dejar de pensar en la noche anterior. Por un momento se preguntó si ese almuerzo terminaría igual que aquella cena o si simplemente comerían y después cada uno seguiría con lo suyo.

—Ah... no traje bebidas. —Se giró de inmediato y quedó frente a frente con Alexander. Su respiración se detuvo por un instante al encontrarse con sus ojos oscuros detrás de los lentes.

—¿Qué quieres tomar? —preguntó él, sin apartar la mirada de la comida—. ¿Vino?

Valentina abrió la boca. El calor volvió a subirle al rostro. No fue capaz de responder; simplemente negó con la cabeza.

Alexander arqueó una ceja con diversión. Le gustaba verla así de nerviosa. Valentina siempre había tenido una respuesta para él. Discutía, lo desafiaba y jamás retrocedía. Ahora bastaba con que la mirara para dejarla sin palabras.

Se giró y caminó hasta el bar privado de la oficina. De ahí sacó dos botellas de agua. Valentina aprovechó para sentarse en el sofá y sacó su teléfono. Había un mensaje de Anthony.

"Peque. Miranda ya me avisó sobre tus asuntos de hoy. Te extraño. Espero verte pronto para que me cuentes cómo salió todo. ¿Sí?"

Valentina frunció el ceño. Tal como imaginó, Miranda ya le había contado todo. Anthony ni siquiera preguntaba por ella. Solo quería saber qué ocurriría con la herencia. Sonrió. Habían mordido el anzuelo mucho más rápido de lo que esperaba.

—Aquí tienes —dijo Alexander, sentándose a su lado y dejando las botellas de agua sobre la mesa de centro.

—¿Qué quieres comer primero? —preguntó Valentina, mirándolo a los ojos.

—No sé si está en el menú —contestó él, clavando la vista en las tetas de ella, apretadas y marcadas en ese escote en V.

—Tal vez sí —dijo ella, respondiendo a la provocación, aunque por dentro se estuviera muriendo de vergüenza.

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