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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 19

Valentina estaba en su recámara. El préstamo que le pidió a Alexander debía ser suficiente. Aunque el Corazón Diamante era una pieza única, desde su descubrimiento había sido valuado en trece millones. Tal vez ofrecer un poco más de veinticinco millones bastaría. Además, esa noche también se subastarían otras joyas mucho más famosas y de mayor valor.

—Muy bien. Ahora, ¿qué vestido usaré? —se preguntó.

Se levantó de la cama y corrió hacia el armario. Usaría uno de los vestidos que había comprado tiempo atrás y que nunca tuvo la oportunidad de estrenar.

—Debe haber alguno que impacte esa noche. —dijo mientras sacaba un vestido tras otro y los iba dejando sobre el sillón que estaba junto al armario.

….

Alexander salía de su recámara para ir a la oficina. Ese día tenía un par de reuniones que Daniel tuvo que reagendar, ya que el sábado asistiría al evento con Valentina.

—¡Ay! ¡Maldita sea!

El grito de Valentina se escuchó del otro lado de la puerta de su recámara. Alexander pasaba justo por ahí y dio un pequeño salto del susto.

La preocupación reemplazó el sobresalto. Entró de inmediato a la recámara de Valentina. Escuchó sus sollozos salir del armario y caminó directamente hacia él.

—¿Valentina? —dijo al verla sentada en el suelo, rodeada de vestidos.

—¡Ninguno me gusta! ¡Están pasados de moda! —gritó molesta, lanzándole un vestido a Alexander.

El vestido cayó sobre la cabeza de Alexander. Soltó un suspiro, aliviado al comprobar que no le había pasado nada, aunque al mismo tiempo comenzaba a molestarse por haberse preocupado en vano.

—¿Qué carajos te pasa, loca? —soltó, quitándose el vestido de la cabeza y arrojándolo al suelo.

—Ningún vestido me gusta... —dijo ella, sentada en el suelo y mirándolo—. ¿Qué haces en mi recámara? ¿Entraste sin tocar?

Alexander frunció el ceño. Jamás entraba a la recámara de Valentina, pero al escucharla gritar, lo único que pensó fue que algo le había pasado.

—Te escuché gritar. —respondió con calma—. ¿Todo esto es por un vestido?

—¡No es un simple vestido! —dijo levantándose de golpe—. ¡Debo verme hermosa, elegante y jodidamente sexy el sábado!

Alexander arqueó una ceja y la recorrió con la mirada. Solo llevaba el camisón de tela semitransparente. A través de él podía distinguir las bragas color beige que llevaba puestas. Sus tetas estaban desnudas y sus pezones rosados se marcaban con claridad.

Era jodidamente hermosa y sexy, sin necesidad de un vestido elegante. Alexander sintió que se puso duro con solo verla así.

—¡Carajo! ¿Qué haré? —murmuró Valentina. Ni siquiera recordaba que seguía en camisón.

—¿Por qué no vas a comprar uno? —respondió él, sin dejar de recorrer su cuerpo con los ojos.

Valentina cruzó los brazos, haciendo que sus tetas casi se desbordaran del escote corazón del camisón.

—No quiero gastar el dinero que me prestaste en un vestido. Es para la subasta. —murmuró.

Alexander entrecerró la mirada. Seguía sin entender ese repentino cambio. Valentina nunca se preocupó por el dinero. Si quería algo, simplemente lo compraba. Él nunca le puso un límite y, la verdad, tampoco le importaba cuánto gastara, siempre que verla sonreír fuera el resultado.

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