Alexander guio a Valentina hasta la pared y la pegó de espaldas contra ella, mientras sus manos se aferraban a sus nalgas y su rostro se mantenía hundido en sus tetas.
Valentina colocó las manos sobre sus hombros, tratando de apartarlo, pues eso no era parte del trato; pero bastaron solo unos segundos para dejarse llevar por la tentación.
Alexander llevó una teta a su boca y empezó a succionar con fuerza, mientras una mano subía a la otra y empezaba a jugar con su pezón.
Valentina echó la cabeza atrás y gimió. Sus dedos dejaron de empujarlo y se clavaron en su cabello, jalándolo contra sus pechos.
Alexander le mordió el pezón con fuerza y luego le pasó la lengua. Le subió el camisón hasta la cintura y le tocó el sexo húmedo sobre las bragas.
—Espera… eso no está en el trato… —gimió Valentina, sintiendo los dedos de Alexander restregándose en su coño mojado.
—Estás mojada, nena —gruñó él contra su teta.
Valentina suspiró; era culpa de él que estuviera así.
—Alexander, lo digo en serio... soy virgen —volvió a decir con la respiración entrecortada.
Alexander se detuvo. Apartó la mano de entre sus piernas y se enderezó, aunque mantuvo la otra sobre la teta de ella.
—Entiendo que no me creas, pero... no tengo por qué mentirte. —susurró con las mejillas enrojecidas.
Alexander la observó unos segundos, intentando encontrar una mentira en sus ojos.
—Entonces explícamelo. —Su voz sonó mucho más seria—. ¿Por qué cambiaste de un día para otro? ¿Qué es lo que realmente quieres de mí?
Valentina se quedó en silencio por unos segundos. No podía decirle la verdad. Alexander se negaría a ayudarla en cuanto descubriera que todo ese cambio de actitud tenía un solo objetivo: destruir a Anthony y Miranda.
—Yo... —dudó.
No podía decirle la verdad. Si quería destruir a Anthony y Miranda, necesitaba tener a Alexander de su lado. Pero él ya sospechaba que había una venganza detrás de su cambio de actitud... y estaba convencido de que el objetivo era él.
Alexander soltó un suspiro con frustración y se apartó por completo de ella. Sabía que Valentina no iba a hablar. Y ese silencio solo le confirmaba una cosa: todo lo que ella estaba haciendo era parte de una venganza... contra él.
— Compra el vestido y todo lo que quieras por incumplir el trato — dijo acomodándose el saco.
Valentina mordió sus labios y se acomodó el camisón. Temía que todo el avance que había logrado con Alexander acabara de derrumbarse.
—Mi venganza no es contra ti, Alexander. —dijo con firmeza—. Sé que no me vas a creer, pero te lo digo en serio.
Alexander levantó la mano y acarició con suavidad la mejilla de ella.
—Solo dime una cosa, Valentina... —preguntó sin apartar la mirada de sus ojos—. ¿De quién te quieres vengar?
Valentina se encogió de hombros.
—No es contra ti... pero eres parte de mis planes para conseguirlo. —susurró.
Alexander retiró la mano de su mejilla y dio un paso hacia atrás. Sus ojos volvieron a endurecerse.
—Entonces... ¿todo esto ha sido parte de tu plan? —preguntó con frialdad.
Valentina apretó los labios. Sabía que negarlo sería inútil.
—Sí... —susurró.
—¿Lo del comedor? —preguntó cruzándose de brazos.
—Quería conocerte mejor... No estaba en mis planes emborracharme. —dijo con cierta vergüenza.
Alexander arqueó una ceja y sonrió de lado.
—¿Y el almuerzo? —volvió a preguntar.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....