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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 23

Valentina y Alexander iban en la parte trasera del vehículo, mientras el chofer conducía con tranquilidad.

—¿Cómo es que Élise Beaumont es tu tía? —Preguntó de inmediato Valentina.

Alexander arqueó una ceja. Era de esperarse que ella no se quedara con la duda.

—Mi abuelo nunca aceptó que quisiera ser diseñadora. Tampoco que se casara con Beaumont. —Respondió con indiferencia— Un día se cansó de discutir con la familia, se fue de la mansión y decidió perseguir su propio sueño. Desde entonces rompió todo lazo con los Hart.

Alexander desvió la mirada hacia la ventana.

—Con los años se convirtió en una de las diseñadoras más importantes del mundo... hasta convertirse en la leyenda que es hoy.

—Su esposo falleció hace un año, ¿no? —Susurró Valentina.

Alexander asintió y volvió la mirada hacia ella.

—Sí. Mi abuelo y ella hicieron las paces hace algunos años, pero Élise jamás regresó a la familia. Ni siquiera después de enviudar quiso volver a ser una Hart. Para ella, Beaumont siempre fue su verdadera familia.

—Es sorprendente que tu tía sea una leyenda de la moda. —Dijo Valentina— Y voy a usar un vestido exclusivo que ni siquiera ha sido presentado al mundo...

Alexander se quedó mirándola. Hacía mucho tiempo que no la veía tan emocionada por algo.

—Bueno, serás la primera en usarlo. Nadie lo conocerá —Comentó Alexander con tranquilidad.

—¡Qué importa! Es un vestido de Élise Beaumont. —Dijo Valentina sin poder ocultar la emoción. — ¿Sabes lo difícil que era conseguir uno de sus diseños? Yo apenas logré comprar un vestido y un conjunto.

—¿De verdad es para tanto? —Preguntó Alexander con indiferencia.

—¡Claro que sí! Élise Beaumont es una leyenda. No basta con tener dinero para comprar uno de sus vestidos. Muchas mujeres jamás tuvieron la oportunidad de usar uno.

—Interesante. —Dijo Alexander. — No sabía que mi tía era tan famosa.

Valentina se quedó en silencio, sin apartar la mirada de él. Recordó las palabras de Élise. Lo exigente que había sido Alexander con su vestido de novia... y la fortuna que pagó para que fuera el único en el mundo.

—Gracias... —Susurró.

Alexander la observó durante unos largos segundos. Jamás imaginó que una sola palabra dicha por Valentina pudiera hacerlo sentir tan satisfecho.

—¿Te parece si almorzamos juntos? —Preguntó ella, nerviosa por la intensa mirada que él le dedicaba.

—¿Qué tipo de almuerzo? —Preguntó Alexander.

Valentina sintió que las mejillas le ardían. Recordó el almuerzo que compartieron en la oficina y se mordió el labio.

—No lo sé... Tú decide. —Susurró.

Alexander sonrió de lado. Poco le importaba si todo aquello formaba parte de la venganza de Valentina. Mientras ella siguiera acercándose a él, estaba dispuesto a disfrutar cada momento.

El teléfono de Valentina sonó en ese momento. Lo sacó de su bolso y frunció el ceño al ver el nombre de Miranda Evans en la pantalla. Su reacción no pasó desapercibida para Alexander. Le pareció extraño verla hacer ese gesto por una llamada de quien, hasta hacía poco, era su mejor amiga.

—Contesta. Tal vez tenga noticias importantes. —Dijo Alexander con toda la intención.

Valentina dirigió la mirada hacia él y entendió de inmediato a qué se refería. Hablaba de Anthony Solís.

—No. —Dijo ella, desviando la mirada. — ¿A dónde iremos?

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