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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 24

Alexander respondió al beso sin dudarlo. Sujetó su nuca con una mano para profundizar el beso, mientras la otra se apoyaba sobre su pierna. Sus dedos ascendieron lentamente hasta deslizarse por debajo de la tela de su falda.

Valentina jadeó contra su boca y abrió las piernas para darle espacio. Alexander presionó la mano sobre sus bragas y empezó a sobarle el coño por encima del encaje.

—Espera... —Susurró ella, poniendo fin al beso de inmediato.

Alexander frunció el ceño, pero aflojó el agarre sobre su nuca.

Valentina respiró hondo y desvió la mirada hacia el frente. El chofer seguía conduciendo con total tranquilidad, la vista fija en el camino, como si no hubiera visto ni escuchado absolutamente nada.

—Tranquila. —Dijo él al comprender el motivo.

Retiró la mano y le ayudó a acomodarse la falda.

—¿Qué más tienes planeado para seducirme? —Preguntó Alexander mientras volvía a acomodarse en su asiento.

Valentina arqueó las cejas y cruzó los brazos. En su libreta solo había escrito un primer paso: Conocer a su esposo. Sin embargo, sentía que no había avanzado lo suficiente.

—El paso uno es conocerte... —Susurró mirándolo de reojo.

Alexander soltó una risa baja. Le resultaba divertido que incluso hubiera organizado su plan en pasos.

—¿Y el paso dos? —Preguntó con una sonrisa de lado.

Valentina negó con la cabeza y soltó un suspiro.

—Todavía no te conozco de verdad... así que sigo atorada en el paso uno. —Respondió.

— Y según el paso uno ¿Qué tanto me conoces hasta ahora? — Pregunto con curiosidad.

Valentina frunció los labios y comenzó a ordenar sus pensamientos. Intentó recordar todo lo que sabía de Alexander, pero terminó dándose cuenta de que casi todo lo que creía conocer de él eran prejuicios que ella misma había creado.

—Eres empresario, millonario, usas lentes, creo que eres un maniático del trabajo... te gusta beber con compañía, el chocolate... ah, y ayer dijiste que te gusta coger duro.

Alexander tosió con fuerza al escuchar lo último. Desvió la mirada hacia el chofer, que seguía conduciendo con la vista fija en el camino. No sabía si había escuchado la conversación, pero prefería no averiguarlo.

—Valentina... —Murmuró Alexander con cierta incomodidad.

—¿Qué pasa? —Preguntó ella sin darse cuenta de lo que acababa de decir. — ¿A qué te refieres?

Alexander arqueó una ceja.

—A co...

Antes de que pudiera terminar la palabra, Alexander le cubrió la boca con una mano y soltó un pesado suspiro.

—No lo repitas. —Dijo con seriedad.

Valentina apartó su mano de un manotazo y frunció el ceño. Justo en ese momento el coche se detuvo frente al restaurante.

Alexander bajó primero y, como de costumbre, le tendió la mano para ayudarla. Valentina la miró por un instante. Aún seguía molesta por la forma en que le había cubierto la boca, pero terminó aceptándola y bajó del coche con elegancia.

Al llegar a la recepción, el gerente salió de inmediato a recibirlos. La presencia de Alexander Hart bastó para que los condujeran sin esperar un solo minuto.

—Un privado. —Ordenó Alexander.

Giró la mirada hacia Valentina. Ella seguía caminando a su lado con evidente molestia, sin dirigirle una sola palabra.

Al entrar al privado, Alexander apartó la silla para que Valentina tomara asiento. Después se sentó frente a ella. Sin siquiera mirar la carta, pidió unos aperitivos y un par de bebidas, asegurándose de que la de Valentina no tuviera alcohol.

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