Anthony estaba en su departamento. Miranda se había marchado hacía apenas unos minutos, emocionada por el vestido que había conseguido. La cantidad que gastó era absurda. Aunque sus negocios seguían funcionando, todavía no podía darse ese tipo de lujos.
Pero no le preocupaba. Estaba convencido de que, en unos meses, la herencia que recibiría Valentina terminaría en sus manos. Cuando eso ocurriera, recuperar aquel dinero sería lo de menos.
Además, Miranda valía cada peso. Era sexy, elegante y sabía exactamente cómo mantenerlo satisfecho. Muy diferente a Valentina. No podía negar que era una mujer hermosa, pero detestaba esa inocencia que todavía conservaba.
Aún era virgen y esperaba que su primera vez fuera como en una novela romántica. Anthony nunca tuvo la paciencia para soportar algo así.
Su teléfono vibró. Anthony se dejó caer sobre el sofá mientras destapaba una lata de cerveza. Al ver el nombre de Valentina en la pantalla, sonrió con suficiencia.
—Sabía que terminarías buscándome... —Murmuró para sí.
Después de tantos mensajes ignorados, por fin la princesita virgen había decidido responder. Abrió el chat con una sonrisa confiada.
"Terminamos."
Soltó una risa baja y negó con la cabeza.
—No, princesa... no vas a dejarme tan fácil. —Murmuró con suficiencia.
Estaba convencido de que aquello no era más que un berrinche. Valentina lo había amado durante años. Jamás creería que una mujer capaz de soportar un matrimonio con otro hombre por seguir aferrada a él, pudiera terminar la relación con un simple mensaje.
Sin pensarlo dos veces, marcó su número. Odiaba hacerlo. Durante años evitó llamarla para no poner en riesgo el matrimonio que tanto le convenía mantener. La llamada sonó hasta cortarse por sí sola.
—¿Qué m****a le pasa a esta idiota? —Masculló con fastidio mientras dejaba el teléfono sobre la mesa de centro y daba un largo sorbo a su cerveza.
No iba a perder el tiempo intentando contactarla otra vez. El sábado la tendría frente a frente. Después de tantos años manipulándola, estaba convencido de que bastarían unas cuantas palabras y una falsa promesa para que volviera a creer en él.
—No he esperado tantos años para quedarme con tu herencia como para dejar que un simple berrinche arruine mis planes. — Siseo.
….
Alexander estaba en su oficina. Después de lo ocurrido en el restaurante, no lograba concentrarse en el trabajo. Las palabras de Valentina seguían resonando en su cabeza, haciendo que la barrera que levantó para protegerse de ella empezara a desmoronarse.
—CEO... —Dijo Daniel. — ¿No cree que está demasiado distraído? ¿Por qué no mejor regresa a casa?
Alexander lo miró de reojo y soltó un pesado suspiro. Lo último que quería era volver a casa. Ahí estaba Valentina. Sentía que bastaría con verla para echar por la borda toda la desconfianza que tanto le había costado construir.
No podía permitirse creerle tan fácilmente. Si todo aquello resultaba ser otra mentira, otra forma de jugar con él... esta vez no estaba seguro de poder soportarlo.
Su teléfono vibró. Alexander dirigió la mirada al escritorio. Era un mensaje de Valentina.
"¿Vendrás a cenar?"
Volvió a suspirar. Después de lo ocurrido en el restaurante, no tuvo el valor de seguir a su lado. Se limitó a pedirle al chofer que la llevara a la mansión, mientras él regresaba a la oficina convencido de que el trabajo le ayudaría a recuperar la calma. Se equivocó.
Había pasado toda la tarde sentado frente al escritorio sin poder dejar de pensar en ella.
—Vaya a casa. —Dijo Daniel.
Alexander le dirigió una mirada fulminante por la insistencia de su asistente.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....