Miranda frunció el ceño y soltó un suspiro. Nunca imaginó que Valentina se atrevería a hablarle de esa forma. Durante años hizo exactamente lo que ella le decía. Verla desafiarla por primera vez la tomó completamente por sorpresa.
—Valentina, ¿qué te pasa? ¿Acaso peleaste con Alexander otra vez? —Preguntó con falsa preocupación.
La paciencia de Valentina llegó a su límite. Golpeó la mesa con la palma de la mano y se levantó de inmediato. Su mirada se clavó en Miranda, llena de rabia.
—Tienes dos opciones. Te largas por tu cuenta... o hago que seguridad te saque de mi casa. Tú decides.
Miranda se levantó lentamente, esforzándose por mantener la calma. Por dentro, la rabia la consumía. Nunca imaginó que Valentina tendría el valor de correrla de la mansión.
Lo que más le molestaba era saber que no podía hacer nada. Por mucho que ese matrimonio fuera un fracaso, Valentina seguía siendo la señora Hart, y ningún empleado se atrevería a desafiar una orden suya.
—Veo que estás un poco alterada. Me iré. —Dijo Miranda con una serenidad fingida. — Mañana hablaremos. Sabes que siempre puedes confiar en mí.
Valentina soltó una risa cargada de sarcasmo. La observó de pies a cabeza, preguntándose cómo pudo creer durante tanto tiempo que aquella mujer era su mejor amiga.
—Miranda... no vuelvas a poner un pie en mi mansión.
—¡¿Qué m****a te sucede?! — Grito, perdiendo los estribos.
—Señora, ¿llamo a seguridad? —Preguntó Lucía, dando un paso al frente.
Justo en ese momento, Alexander apareció en el comedor. Su mirada se clavó de inmediato en Miranda. Había escuchado el grito. Poco le importaba que fuera la mejor amiga de Valentina. Jamás permitiría que alguien le levantara la voz a su esposa en su propia casa.
—Alexander... —Murmuró Miranda.
—¿Por qué le estás gritando a mi esposa en su propia casa? —Preguntó Alexander con frialdad que hizo temblar a Miranda.
—Yo... —Miranda tragó saliva y buscó la mirada de Valentina, esperando que, como siempre, saliera en su defensa. Pero ella ni siquiera la miró.
Valentina mantenía los ojos fijos en Alexander. No imaginó que regresaría tan temprano. Después de lo ocurrido en el restaurante y del mensaje que él había ignorado.
Miranda respiró hondo y recuperó la compostura. No podía permitirse perder el control delante de Alexander Hart.
—Valentina está muy alterada. No sé qué le pasó de un día para otro. Apenas llegué empezó a tratarme como si fuera su enemiga. Solo quería saber si estaba bien... me preocupa que alguien la esté manipulando.
Valentina soltó una risa corta, cargada de ironía. Colocó las manos sobre la cintura y miró a Miranda con un desprecio que jamás le había mostrado.
—Lucía, llama a seguridad. Que vengan a sacar a esta perra de mi casa. —Ordenó con frialdad.
Miranda abrió los ojos, incapaz de creer lo que acababa de escuchar. Sintió cómo el rostro le ardía de rabia y humillación. Jamás imaginó que Valentina se atrevería a tratarla de esa manera... mucho menos frente a Alexander.
—Será un placer, señora. —Respondió Lucía sin intentar ocultar la satisfacción que le producía cumplir aquella orden.
—¡Alexander... mírala! Escucha cómo me está tratando... por favor, haz algo. —Miranda se hizo la víctima mientras se acercaba a él y se aferraba a su brazo.
Alexander bajó la mirada hacia la mano que lo sujetaba. Permaneció en silencio un par de segundos antes de apartarla con un movimiento seco, sin la menor delicadeza.
—Entonces lárgate. —Dijo indiferencia.
Nunca le agradó Miranda. Siempre supo que aquella amistad no era tan sincera como Valentina creía. Sin embargo, decidió mantenerse al margen para evitar una nueva discusión con su esposa. Ahora todo era diferente. Si, Valentina ya no la quería en su vida, no pensaba intervenir para impedirlo.
Miranda sintió que la rabia la consumía por dentro. Dirigió la mirada a Valentina, quien le respondió con una sonrisa cargada de burla. Apretó los puños, pero no dijo una sola palabra más. Sabía que, con Alexander presente, no tenía nada que hacer. Dio media vuelta y salió de la mansión Hart, seguida de Lucía, quien se aseguró de que abandonara la propiedad.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....