A la mañana siguiente, Alexander se arregló como de costumbre para ir a la oficina. Antes de salir, cambió de dirección y caminó hacia el comedor. Aunque llevaba años sin desayunar, por alguna razón esperaba encontrarse con Valentina.
Sin embargo, al entrar, se dio cuenta de que estaba completamente vacío.
—Buenos días, señor. ¿Va a desayunar? —Preguntó Lucía al verlo.
—¿Y la señora?
—La señora desayunó en su recámara y salió hace unos quince minutos. —Respondió Lucía con una cálida sonrisa.
—¿Salió? — Pregunto, frunciendo ligeramente el ceño.
Instintivamente miró la hora de su reloj. Era demasiado temprano para que Valentina abandonara la mansión.
—Sí. Me dijo que pasaría el día en el spa.
Alexander permaneció en silencio durante unos segundos, recordando las palabras de Valentina la noche anterior.
"Mañana me tomaré el día libre."
—Esa loca... hablaba en serio. —Murmuró para sí.
Sin decir nada más, salió de la mansión rumbo a la oficina. Si Valentina no quería verlo ese día, lo mejor era respetar su decisión. Además, aquella distancia también le serviría para aclarar sus propios pensamientos... o al menos eso intentó convencerse mientras subía al automóvil.
….
Valentina llegó al spa, su refugio favorito cuando necesitaba despejar la mente. Era una clienta habitual, así que no tuvo problemas en reservar una suite privada durante todo el día. Además, como señora Hart, siempre recibía un trato exclusivo.
—Bienvenida, señora Hart. Su habitación ya está preparada. —Comentó la encargada.
Valentina la siguió hasta una elegante suite de relajación. Se cambió por una cómoda bata blanca y, minutos después, ya estaba recostada sobre la camilla mientras el personal iniciaba su rutina de spa con aceites esenciales, masaje de relajación y un tratamiento facial.
—Seducir a mi esposo me ha dejado agotada... —Murmuró Valentina, cerrando los ojos con completa calma.
Tomarse el día libre de Alexander había sido la mejor decisión. Necesitaba poner en orden sus pensamientos. Quería que su matrimonio con Alexander funcionara, pero tampoco estaba dispuesta a renunciar a la venganza contra Anthony y Miranda.
El problema era que ambas cosas empezaban a chocar entre sí. Ya había terminado con Anthony y alejado a Miranda para demostrarle a Alexander que realmente quería ganarse su confianza. Sin embargo, cada paso que daba por su matrimonio también cambiaba el rumbo de la venganza que tenía en mente.
—¿Y ahora cómo continuaré con mi venganza...? —Murmuró.
….
Miranda entró furiosa al departamento de Anthony. Todavía no podía creer que, la noche anterior, Valentina se hubiera atrevido a echarla de la mansión Hart.
—¿Qué pasa, bebé? —Preguntó Anthony acercándose a ella.
—¡La idiota de Valentina me corrió de la mansión Hart! —Exclamó llena de rabia. — ¿Cómo se atreve esa maldita virgen?
Anthony frunció el ceño. La actitud de Valentina ya no le parecía un simple arranque de enojo. Primero terminó su relación con él y ahora había echado a Miranda de la mansión Hart. Algo había cambiado, y necesitaba averiguar qué era antes de que todo escapara de su control.
—Tranquila, bebé. Explícame exactamente qué pasó. —Anthony la condujo hasta el sofá y ambos tomaron asiento.
—Solo fui a restregarle en la cara que me quedé con el vestido que ella quería. Antes de que pudiera decirle algo, me corrió, me amenazó con llamar a seguridad para que me sacara y hasta me dijo que no quería volver a verme en su casa. —Explicó Miranda sin poder ocultar la rabia.
Anthony frunció el ceño. Aquella no era la Valentina que conocía. Durante años, Miranda había manejado cada una de sus decisiones con una facilidad casi absurda. Ella jamás se habría atrevido a enfrentarla, mucho menos a correrla de la mansión Hart. Alguien, o algo, había provocado ese cambio.
—Y luego llegó Alexander... Pensé que cuestionaría a Valentina por tratarme así, pero no. Se puso de su lado y me corrió también. —Chilló Miranda.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....