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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 29

Alexander llegó muy tarde a la mansión Hart. Saúl lo recibió en la entrada.

—Señor. Bienvenido. —Saludó haciendo una ligera reverencia.

Alexander apenas asintió. Había sido un día eterno. Por más reuniones que tuvo, no consiguió sacar a Valentina de su cabeza. Lo peor era que ella pareció olvidarse por completo de él. Ni un solo mensaje le envió.

—¿Le preparo algo de cenar? La señora Lucía está sirviendo unos aperitivos para la señora. —Comentó Saúl.

Alexander arqueó una ceja.

—¿Mi esposa sigue despierta? — Preguntó.

—Sí, señor. Está en el área de la piscina.

Alexander dio un paso hacia el pasillo que conducía a esa parte de la mansión, pero se detuvo al mirar la hora en su reloj de pulsera.

—No... —Murmuró.

Alexander caminó a grandes pasos hacia la piscina. Era uno de los espacios favoritos de la mansión. Un enorme techo de cristal cubría toda la estancia, permitiendo contemplar el cielo durante la noche. Durante el día, la estructura se abría por completo y transformaba el lugar en una piscina al aire libre.

A lo lejos la encontró. Valentina descansaba tranquilamente sobre uno de los camastros. Ella realmente había cumplido con su palabra. Se tomó el día libre de seducirlo. Mientras tanto, él pasó el jodido día pensando en ella, esperando un mensaje que jamás llegó.

Caminó hasta el camastro donde Valentina descansaba con los ojos cerrados. Llevaba un bikini blanco de dos piezas que resaltaba cada una de sus curvas de una forma jodidamente sexy.

—Me tomaré más días libres de ese cuatro ojos a partir de ahora... —Murmuró sin abrir los ojos mientras acomodaba el bikini sobre su cintura.

—¿En serio? —La voz de Alexander hizo que Valentina diera un pequeño salto y abriera los ojos de inmediato.

—¿Alexander...? —Murmuró con una sonrisa nerviosa.— Te dije que no te aparecieras frente a mí en todo el día.

Alexander frunció el ceño. Sacó su teléfono y se lo mostró.

Valentina bajó la mirada hacia la pantalla y soltó un suspiro. Ya había pasado la medianoche.

—¡Carajo! ¿Tan rápido? —Murmuró mientras se incorporaba del camastro.

Alexander guardó el teléfono sin apartarle la mirada.

¿Rápido? Él había sentido que ese maldito día no terminaba nunca. Todo porque Valentina decidió desaparecer por completo.

Antes de que pudiera decir algo, Lucía llegó con una bandeja de aperitivos. La dejó sobre la mesa e hizo una ligera reverencia. Sin decir una palabra, se marchó.

Valentina se acercó a la mesa. Sobre la bandeja había una selección de quesos finos, pequeños canapés de salmón ahumado, jamón serrano, galletas artesanales y una copa de mocktail de maracuyá y limón, preparado especialmente para ella.

—¿Quieres? —Preguntó, tomando un pequeño canapé y extendiéndoselo a Alexander.

—No — Respondió él con frialdad. Seguía molesto, aunque Valentina parecía no percatarse.

Valentina mordió el canapé sin apartarle la mirada. Se veía jodidamente sexy con ese traje oscuro y los lentes. Carajo... había sido una completa idiota por fijarse en el hombre equivocado cuando tenía a semejante cuatro ojos como esposo.

—Alexander. —Lo llamó. — Quítate los lentes.

Alexander arqueó las cejas sin entender por qué le estaba dando esa orden.

—¿Por qué? — Preguntó, cruzando los brazos.

—Porque sí. Quiero verte sin ellos, hazlo—Insistió con ese tono caprichoso e infantil.

Alexander giró la cabeza con evidente molestia, pero terminó cediendo. Se quitó los lentes y volvió a clavar la mirada en Valentina.

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