Alexander entrecerró la mirada. Le costaba creer que Valentina estuviera hablando tan tranquila de ese tema. Cada palabra que salía de su boca parecía una provocación más.
—Lo estuve pensando... —Dijo ella — Aunque soy una inexperta en el sexo... y en eso de coger duro, estamos casados. No tiene nada de raro que tú y yo queramos coger.
— Valentina… — Murmuro él con frustración.
—Alexander, sé que sigues sin creerme. —Lo interrumpió. — Pero ya te dije que quiero seducirte para vengarme de alguien. Y también hablo en serio cuando digo que quiero darle una oportunidad a nuestro matrimonio.
Se apartó de él, cruzó los brazos y caminó hasta la piscina. Le dio la espalda mientras observaba el cielo lleno de estrellas.
—Lo estuve pensando todo el día. Mi plan de seducirte y darle una oportunidad a nuestro matrimonio... no tienen por qué ir por separado.
Alexander caminó hasta ella y la tomó del brazo para que se girara y lo mirara.
—¿Qué quieres decir ahora? —Preguntó con evidente molestia.
—Te voy a seducir por dos razones. —Respondió sin apartarle la mirada. — La primera, para vengarme de quienes me traicionaron. La segunda... para enamorarte de mí.
Alexander frunció el ceño. Valentina había jurado odiarlo toda la vida y ahora salía con que quería seducirlo para que se enamorara de ella.
—Basta ya, Valentina. —Dijo conteniendo la rabia. — ¿Que me enamore? ¿Y qué piensas hacer si eso pasa? ¿Qué harás si realmente me enamoro de ti? ¿Te burlarás de mí? ¿Me echarás de tu vida después de que te ayude con esa estúpida venganza?
Valentina frunció el ceño. El agarre de Alexander sobre su brazo empezaba a doler. Intentó soltarse con un ligero movimiento, pero fue imposible.
—¡Contéstame, maldita sea! —Exigió Alexander, perdiendo por completo la paciencia.
—¡Te voy a amar! —Gritó Valentina, sosteniéndole la mirada.
Alexander apretó la mandíbula. Aflojó lentamente el agarre sobre su brazo y dio un paso hacia atrás.
—Si te enamoras de mí... prometo que voy a amarte, Alexander. —Murmuró con una sonrisa sincera.
Alexander se quedó mirándola durante varios segundos, incapaz de responder.
Valentina acababa de hacer una promesa con una facilidad que lo desconcertó. Como si fuera algo sencillo, como si bastara con decirlo.
Pero ella no tenía idea de lo que esas palabras significaban para él.
—Estás loca... —Murmuró él, pasándose una mano por la nuca. — No hagas promesas que no vas a cumplir.
Valentina frunció el ceño. No estaba mintiendo. De verdad quería darse la oportunidad de amar a Alexander. No le parecía tan difícil. Después de todo, acababa de descubrir que físicamente era exactamente su tipo... y además ya estaban casados.
—Vamos a nadar. —Dijo ella repentinamente.
Alexander soltó un pesado suspiro y la observó meterse a la piscina. Valentina empezó a nadar como si la conversación de hacía unos segundos nunca hubiera existido.
Solo esa mujer era capaz de hacerlo perder la paciencia en cuestión de segundos... y calmarlo con la misma facilidad.
—¿Cómo demonios me enamoré de esa loca? —Murmuró para sí antes de lanzarse a la piscina.
Valentina dejó de nadar al verlo acercarse. Alexander recorrió la distancia que los separaba y, al llegar hasta ella, la sujetó con facilidad por la cintura. Sus cuerpos quedaron pegados dentro del agua mientras él sostenía su mirada.
Ella unió sus labios a los de Alexander. Él respondió el beso de inmediato, mientras sus manos descendían lentamente hasta sus nalgas, apretándolas con firmeza.
Alexander la sujetó más fuerte para mantenerla a flote en lo profundo, pegándole el cuerpo entero al suyo. Sosteniéndola de la cintura con una sola mano, usó la otra para meterse entre sus piernas por debajo del agua.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....