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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 33

Alexander estaba en la oficina, pero le fue difícil concentrarse después de lo que pasó en la recámara. Parecía que Valentina sí estaba dispuesta a coger con él; si no, no lo hubiera masturbado de esa manera. Además, todavía tenía fresca la imagen de lo que había pasado en la piscina.

—Mierda... —Murmuró con frustración.

Daniel levantó la vista de la tablet que sostenía entre las manos y arqueó una ceja.

— Jefecito, hace cinco minutos estaba completamente concentrado. ¿Ahora qué pasó? —Se quejó con una sonrisa resignada.

—No es nada. —Respondió Alexander.— ¿Está todo listo para el viaje de la próxima semana?

—Sí. El jet estará listo para el viernes por la tarde. —Informó Daniel mientras deslizaba el dedo por la pantalla de la tablet. — También moví todas sus reuniones del fin de semana para el siguiente.

Negó con la cabeza y suspiro pesadamente.

—Va a tener una agenda infernal... y yo también. Adiós, vida social.

Alexander rodó los ojos ante el comentario de Daniel.

—Ya entendí. Tómate el próximo fin de semana mientras estoy de viaje. —Dijo con tranquilidad.

—Sabía que quejarme tarde o temprano iba a dar resultados. —Murmuró con una sonrisa. — Es cierto, ¿la señora Hart irá con usted?

—Sí. —Respondió.

Daniel arqueó las cejas. Era la primera vez que la señora Hart aceptaba acompañarlo a un viaje de negocios.

Alexander no dijo nada. Aún le costaba creer que Valentina realmente fuera a acompañarlo. Aunque ella había aceptado, una parte de él seguía pensando que podía cambiar de opinión en cualquier momento. Lo mejor sería volver a preguntarle.

—La reunión de la generación de su esposa será a las cinco. —Dijo Daniel, mirando la hora en la tablet. — ¿No cree que ya debería irse? Así podrá descansar un rato y arreglarse.

—¿Acaso me estás corriendo de mi propia oficina? —Siseó.

—Ay, jefecito... es sábado. —Se quejó Daniel, balanceándose en la silla como un niño haciendo berrinche. — Tenga un poco de compasión por este pobre asistente explotado.

Alexander negó con la cabeza ante la actitud de Daniel. A pesar de su comportamiento infantil, era un asistente eficiente y una de las pocas personas en las que confiaba por completo.

—Ya vete... —Dijo, haciéndole una seña con la mano.

Daniel se puso de pie de inmediato.

—Gracias, jefecito. Prometo venir mañana para ayudarlo con lo que sea que quiera hacer. —Añadió antes de salir casi corriendo de la oficina.

Alexander soltó un suspiro. Nunca le exigió a Daniel trabajar los domingos. Simplemente, desde que se casó con Valentina, convirtió ese día en uno más de trabajo. Sabía que ella prefería no verlo, así que mantenerse lejos de la mansión le parecía la mejor forma de no perturbarla.

…

Valentina estaba en el jardín, tomando una taza de té. Estaba completamente aburrida. No recordaba que los fines de semana en la mansión fueran tan silenciosos.

—Tal vez es porque esa perra se la pasaba metida aquí todo el día. —Murmuró

Miranda solía visitarla todos los fines de semana. Pasaban horas hablando de Anthony y de lo maravillosa que habría sido su vida si se hubiera casado con él en lugar de Alexander.

—¿Quiere más té, señora? —Preguntó Lucía, acercándose con la tetera.

— Lucía, ¿Alexander siempre ha trabajado los fines de semana? — Preguntó repentinamente.

—Desde que se casó con usted... sí. —Respondió con sinceridad. — El señor no quería incomodarla, así que decidió trabajar incluso los domingos.

Valentina bajó la mirada. Siempre creyó que Alexander era un maniático del trabajo. Ahora entendía que, en realidad, él solo intentaba darle el espacio que ella tanto le exigía.

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