Alexander estaba en su recámara terminando de arreglarse para la reunión de Valentina, cuando el jefe de seguridad llamó a la puerta y entró con una tablet entre las manos.
—Señor. —Dijo haciendo una reverencia. — Ya tengo el informe completo sobre Anthony Solís.
Alexander frunció el ceño y tomó la tablet.
Deslizó la pantalla con calma. Cada página contenía información sobre Anthony, hasta que llegó al apartado de las fotografías.
—Maldita sea... —Murmuró con rabia.
Las imágenes no dejaban lugar a dudas. Anthony Solís y Miranda Evans aparecían abrazados, besándose y entrando juntos a un departamento en distintas fechas.
Pero una imagen hizo que su rostro se endureciera aún más. Anthony Solís aparecía reunido con el líder de una de las mafias más poderosas del país.
—Anthony Solís prometió una fuerte inversión con ellos dentro de ocho meses. —Informó el hombre.
Alexander arqueó una ceja. En seis meses, él y Valentina cumplirían tres años de casados. Bastarían dos meses más para que ella pudiera tomar posesión de la herencia de su abuela, ya que la cláusula que exigía permanecer casada durante tres años ya se habría cumplido
—¿Algo más? —Preguntó Alexander.
El jefe de seguridad bajó la mirada. A pesar de ser un hombre acostumbrado a todo tipo de situaciones, sabía que lo siguiente no iba a agradarle a su jefe.
—Señor... después de recibir el pago prometido. —Comenzó con cautela. — Habrá una subasta clandestina. El nombre de la señora Hart aparece en la lista de personas que serán subastadas.
—¡Voy a matar a ese bastardo! —Gritó, estrellando la tablet contra el suelo.
Alexander estaba fuera de sí. No iba a permitir que Anthony Solís tocara un solo cabello de Valentina. El verdadero problema sería otro: hacer que ella creyera que el hombre que decía amar era quien planeaba entregarla a una subasta clandestina.
En ese momento tocaron la puerta y entró Saúl.
—Señor, ya es hora. —Dijo con seriedad.
Alexander asintió y se pasó una mano por el cuello. Tenía que recuperar la calma. En ese momento, lo más importante era acompañar a Valentina a la reunión. Anthony Solís ya no podía tomarlo por sorpresa. Conocía sus planes y pensaba arruinarlos uno por uno.
Y cuando todo terminara... también destruiría a Anthony Solís, aunque Valentina terminara odiándolo por ello.
….
Valentina se miraba al espejo. El vestido le quedaba espectacular. Decidió recoger su cabello en un elegante moño y no usar más accesorios que unos pequeños aretes de piedras rosas, los cuales combinaban a la perfección con el Corazón diamante. Estaba segura de que esa noche esa joya sería suya.
—Se ve muy hermosa, señora. —Dijo Lucía, observándola desde unos pasos atrás.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....