Valentina no podía dejar de sonreír. Desde que entró al salón todas las miradas se habían posado sobre ella, y estaba convencida de que era gracias a su vestido. Justo como lo había imaginado.
Alexander la observó de reojo con una discreta sonrisa. Verla caminar orgullosa de su brazo le provocaba una gran satisfacción. En cada evento al que habían asistido durante su matrimonio, Valentina solo fingía estar bien. Esa noche, en cambio, sonreía de verdad.
La mirada de Valentina se endureció durante unos segundos al ver a Miranda y Anthony a lo lejos.
—Esa perra... —Murmuró con rabia al notar que llevaba puesto el vestido que, en su momento, ella había querido comprar.
—¿Ese es el vestido por el que ibas a pagar casi cuatro millones? —Preguntó Alexander en voz baja.
Aunque el diseño era elegante y sofisticado, a él no le agradaba en lo más mínimo.
—Sí... Es hermoso. No tanto como el mío, pero sí lo es. —Respondió con una pequeña sonrisa.
—No me gusta. —Soltó Alexander, desviando la mirada.
Valentina se colocó frente a él.
—¿Por qué? —Preguntó.
Alexander volvió a mirarla y se encogió de hombros.
—Ese color me desagrada.
Valentina asintió. El marfil era el color favorito de Anthony.
—¿Y cuál es tu color favorito? —Preguntó.
—Azul. —Respondió sin pensarlo.
—Entonces tendré que usar más azul a partir de ahora...
Alexander sonrió y negó con la cabeza. Valentina no entendía que el azul nunca había sido su color favorito por casualidad. Lo era desde el día en que conoció a la dueña de aquellos ojos azules.
—¿No irás a saludar a tus amigas? —Preguntó Alexander, frunciendo ligeramente el ceño.
Si Valentina se acercaba a ellas, también tendría que estar cerca de Anthony. No le gustaba la idea, aunque tampoco iba a decirle con quién podía hablar.
—No. —Respondió con tranquilidad. — Ninguna de ellas es mi amiga. Solo eran amigas de Miranda.
—¿En serio dejarás de hablarle a Miranda solo porque te quitó un vestido? —Preguntó Alexander con cierta sorpresa.
—Por supuesto que no. —Respondió ella. — El vestido solo fue la gota que derramó el vaso.
Bajó la mirada unos segundos y volvió a levantarla.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo a mi Esposo
Soy de bajo recurso y no puedo pagar....