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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 5

Alexander no podía apartar la mirada de Valentina, mientras mantenía la mano firme en su cintura.

— ¿Qué fue eso? —preguntó él en voz baja, asegurándose de que nadie más a su alrededor los escuchara.

— Un beso —respondió Valentina, intentando parecer indiferente mientras buscaba recuperar la compostura.

Ahora que había decidido que Alexander era una pieza indispensable para llevar a cabo su venganza, no podía darse el lujo de cometer los mismos errores. Tenía que ponerlo de su lado a como diera lugar; volver a rechazarlo como lo hizo en el pasado solo arruinaría sus planes antes de empezar. Necesitaba que confiara en ella.

Él continuaba observándola detenidamente, sin soltarla. Era la primera vez en dos años que se besaban. Ni siquiera en la boda, cuando fueron declarados marido y mujer, ella le había permitido que rozara sus labios. Que lo hiciera de la nada, frente a todos, solo alimentaba sus sospechas.

— ¿Por qué me miras así? —preguntó Valentina, cruzándose de brazos para disimular que el corazón le latía demasiado rápido.

— Acabas de besarme y eso me hace preguntar... ¿qué quieres de mí? —respondió Alexander, arqueando una ceja con una sonrisa cargada de picardía.

— ¿Y si solo quería besar a mi esposo? —contestó ella, devolviéndole una sonrisa coqueta.

Alexander arqueó las cejas con diversión. No tenía idea de qué pretendía Valentina, pero descubrirlo le resultaba mucho más interesante que cuestionarlo.

— Sería la primera vez —respondió él, pasando el pulgar por el labio inferior de ella.

A Valentina se le calentaron las mejillas. Había gente mirándolos, pero lo que de verdad la ponía nerviosa era la mirada de Alexander. En ese momento entendió que meterlo en su venganza era un juego peligroso, y que ella también podía salir perdiendo.

—Dependerá de ti… que no sea la última —respondió ella en un bajo susurro, sosteniéndole la mirada a pesar del nerviosismo que la consumía.

Alexander tragó saliva. Su manzana de Adán se movió de forma lenta y marcada. Sintió cómo su cuerpo reaccionaba sin pedirle permiso. Bastó un maldito beso para provocarle una erección.

Apretó la mandíbula con fastidio. No era el beso. Era ella. Valentina era un maldito problema.

Valentina soltó el aire lentamente y desvió la mirada al otro extremo del salón. Anthony y Miranda seguían observándolos.

Alexander siguió la dirección de sus ojos. Anthony permanecía inmóvil, con la mandíbula tensa y la mirada fija en ellos.

Una sonrisa ladina apareció en los labios de Alexander. Ya entendía por qué su esposa había decidido besarlo precisamente esa noche.

—Ahora entiendo. —murmuró sin dejar de observar a Anthony.

—¿Qué entiendes? —preguntó sosteniéndole la mirada.

—Que ese beso no fue para mí. —dijo sin borrar aquella sonrisa ladina, sosteniéndole la mirada.

Valentina arqueó las cejas. Por un instante no supo qué responder. No podía decirle que lo había besado para vengarse de ese par de imbéciles.

Alexander seguía sosteniéndole la mirada, esperando una respuesta que nunca llegó.

—Señor Hart. —La voz del asistente terminó por interrumpirlos.

Alexander dirigió la mirada hacia su asistente, esperando que hablara. Valentina permaneció a su lado. Intentó apartarse discretamente, pero la mano de Alexander seguía firme sobre su cintura.

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