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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 6

Valentina miró a Alexander sorprendida. Ni siquiera notó cuándo llegó hasta ella. Solo sintió su mano rodeando nuevamente su cintura. Sus ojos se desviaron hacia Anthony, quien se había quedado inmóvil detrás de Alexander.

—¿Tan pronto, Alexander? —intervino Miranda con esa falsa ternura que empezaba a fastidiarle a Valentina—. Hace mucho que no te veía. Podríamos tomar una copa.

Alexander dirigió la mirada hacia Miranda. Su expresión no cambió ni un segundo. Era una mujer hermosa y elegante, pero sabía perfectamente que, a sus espaldas, ayudaba a su esposa a encontrarse con Anthony Solís.

—Será en otra ocasión. —respondió.

Sus ojos se desviaron apenas un instante hacia Anthony, quien seguía inmóvil unos pasos detrás de él.

—Ya dejé demasiado tiempo sola a mi esposa. —siseó.

—Bien. —dijo Miranda, con falsa sonrisa—. Valentina, recuerda que este sábado es la reunión de nuestra generación.

Valentina entrecerró la mirada. Claro que lo recordaba. Tenía planes con Anthony para esa noche. Lo que no esperaba era que Miranda sacara el tema frente a Alexander. Qué conveniente.

—Vamos, querido. —dijo Valentina, apoyando la mano sobre el firme torso de Alexander.

Alexander bajó la mirada hacia la mano de Valentina por un instante antes de volver a verla. Cada vez entendía menos qué estaba pasando. Hasta esa noche, ella evitaba cualquier contacto con él. Apenas toleraba que se atreviera a rodear su cintura y ahora era ella quien lo tocaba con tanta naturalidad.

Ambos caminaron hacia la salida. Anthony y Miranda no dejaron de mirarlos, al igual que el resto de los invitados. El matrimonio Hart imponía presencia por sí solo.

Al subir al automóvil, Valentina soltó un largo suspiro. La rabia volvió a recorrer todo su cuerpo. Las palabras de Anthony y el beso con Miranda seguían clavados en su memoria. Anthony era un maldito desgraciado. Miranda, una zorra malagradecida. Ambos creyeron que podían utilizarla y burlarse de ella.

Sacó su teléfono. Tenía un mensaje de su padre, Diego Luna, diciéndole que la esperaba al día siguiente en el edificio Luna para hablar sobre la herencia de su abuela.

Valentina soltó un suspiro. Ese era otro maldito problema. Diego Luna ya debía estar haciendo cuentas. Las propiedades nunca fueron lo que realmente le interesó. Eran las acciones. Cerca del veinte por ciento de Luna Corporation pasarían a su nombre, y su padre intentaría convencerla de cedérselas.

Aunque había estudiado para saber manejar la empresa de la familia, jamás le dieron la oportunidad de poder poner aprueba sus conocimientos, apenas termino la universidad fue obligada a casarse con Alexander.

Dirigió la mirada hacia Alexander. Era un experto en los negocios. Incluso había leído artículos donde lo describían como el hombre más temido por empresarios con décadas de experiencia. Si alguien podía ayudarla a proteger las acciones que heredaría, era él.

—Sería una buena forma de acercarnos... —susurró para sí misma.

Si lograba que Alexander la asesorara en la empresa, no solo impediría que Diego Luna manejara su herencia a su antojo. También tendría un motivo para pasar más tiempo con él y ganarse su confianza.

—Mi padre quiere que vaya mañana a Luna Corporation. —dijo de la nada —. Quiere hablar sobre la herencia que recibiré dentro de un par de meses.

Alexander apartó la vista del teléfono para mirarla. Sabía perfectamente de qué herencia hablaba. Meses atrás había leído cada una de las cláusulas del testamento de la señora Luna. La más importante era que Valentina debía permanecer casada con él durante tres años para tomar posesión de todo lo que su abuela le había dejado.

—Entonces ve. —dijo Alexander sin darle mayor importancia, volviendo la vista hacia el teléfono.

No podía impedirle asistir. Aunque una parte de él seguía pensando que aquella reunión terminaría siendo otro pretexto para encontrarse con Anthony.

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