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Seduciendo a mi Esposo romance Capítulo 7

Valentina despertó de mal humor. Apenas había podido conciliar el sueño la noche anterior. Se pasó horas intentando armar un plan para seducir a su esposo, pero por más vueltas que le dio al asunto, no logró llegar a nada que realmente valiera la pena.

—¿Cómo m****a voy a seducir al hombre al que le repetí durante dos años que lo odiaba? —murmuró

Valentina dejo la libreta sobre la cama, debajo de título había un enorme signo de interrogación.

En ese momento tocaron la puerta. Era Lucía, el ama de llaves de la mansión. Aunque para Alexander era mucho más que eso. Había sido su nana y quien lo cuidó desde niño, por lo que le tenía un enorme cariño. Desde que Valentina llegó a la mansión, también se encargaba de atenderla.

—Buenos días, señora. —dijo Lucía, una mujer mayor de apariencia amable, mientras entraba con una bandeja.

Como cada mañana, llevaba un vaso de jugo de naranja. Era lo primero que Valentina tomaba desde que tenía memoria.

La señora Lucía se acercó a Valentina, que permanecía de pie junto a la cama. Mientras ella bebía su jugo de naranja, no pudo evitar que su mirada se desviara hacia la libreta que había quedado abierta sobre la cama. Bastó con leer el título para que una discreta sonrisa apareciera en sus labios.

—Al Señor Alexander le encantan los dulces... a pesar de esa apariencia fría que tiene. —Dijo la señora Lucía.

Valentina la miró con extrañeza. No entendía por qué de la nada le estaba hablando de Alexander. La señora Lucía le guiñó un ojo de forma cómplice.

—También lleva tres días saliendo de la mansión sin desayunar. El chofer me comentó que apenas está cenando.

Valentina frunció ligeramente el ceño. Jamás le había prestado atención a ese tipo de detalles. A decir verdad, nunca le importó saber si Alexander comía, dormía o siquiera llegaba a la mansión.

—¿Por qué me está contando todo eso? —preguntó.

La señora Lucía retiró el vaso ya vacío.

—Porque si quiere seducir a su esposo, primero debe conocerlo. —dijo antes de salir de la recámara.

Valentina se quedó helada. Giró lentamente la cabeza hacia la libreta sobre la cama y sintió cómo las mejillas le ardían. Maldición. Lucía la había visto.

Apretó los labios con nerviosismo. Después de todo, Lucía era una de las personas de mayor confianza de Alexander. Si decidía contarle lo que había leído, su plan se vendría abajo.

Pero entonces cayó en cuenta. A pesar de llevar dos años casada con Alexander, lo único que sabía de él era que era un empresario poderoso, frío y obsesionado con el trabajo.

—Conocerlo... —susurró.

Tomó la libreta y escribió el primer paso de su plan.

Paso 1: Conocer a mi esposo.

Cerró la libreta y la guardó en el buró junto a la cama. Después se dirigió al armario para elegir la ropa que usaría en la reunión con su padre. Como Alexander la acompañaría, tal vez debía elegir algo más llamativo... un vestido que resaltara su figura y lo obligara a mirarla.

—No jodas, Valentina... —murmuró para sí misma.

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