Punto de Vista de Judy
—Espera... ¿o sea que ahora eres como mágica? —preguntó Nan, alzando las cejas hasta casi perderse en el flequillo.
Se acomodó un mechón de su cabello cobrizo detrás de la oreja y recogió las piernas sobre el sofá. Estábamos sentadas en la sala de la villa, donde le había contado todo lo ocurrido durante los últimos días. Era el día siguiente a mi despertar, el día después de descubrir que, en realidad, los Blackwell siempre habían sido mi familia.
—Supongo que sí —dije, mirando mis manos como si esperara que hicieran algo por sí solas—. Pero no se siente real.
—¿Te sientes súper poderosa? —preguntó Nan con curiosidad, inclinándose hacia adelante.
—Sí —admití—. Como si tuviera una descarga de energía recorriéndome internamente.
—Eso es increíble —susurró, con los ojos brillantes—. No puedo creer que seas una bruja.
—La Anfitriona de la Magia —corrigió Irene—. Eso es mucho más que una bruja común.
—Y ni siquiera sé cómo usar este tipo de magia —murmuré—. Todo es demasiado intenso.
—¿Cuándo empezarás a entrenar con Cora? —preguntó Nan.
—Mañana por la mañana —respondí—. Todos estuvieron de acuerdo en que hoy debía descansar, después de que mi mundo se puso de cabeza ayer. Gavin fue a ver a Levi, y yo estaba pensando en ir a ver a mis padres.
—¿A los Montague o a los Blackwell? —preguntó Nan.
—A los Montague —dije sin dudar—. Sé que acabo de descubrir quiénes son mis padres biológicos, pero necesito hablar con quienes me criaron, con quienes me conocen de verdad. Amo a mi mamá y a mi papá más que a nada, aunque no compartamos sangre. Ellos sabrán exactamente qué decirme en este momento.
Nan me rodeó con un brazo y apoyó la cabeza contra la mía.
—Siento mucho todo lo que estás viviendo —susurró—. Pero trata de relajarte, tu bebé no puede cargar con tanto estrés... y no voy a permitir que mi sobrino corra ningún peligro.
Sonreí.
—Vas a ser la mejor tía del mundo, Nan —la molesté, dándole un pequeño empujón en el hombro.
—Eso dalo por hecho —respondió con una sonrisa ladina—. Lo voy a malcriar tanto que te vas a cansar de mí.
—Eso nunca —reí.
—Carajo —dijo, negando con la cabeza—. Sabía que había algo turbio detrás de todo esto. Entonces, ahora tenemos que estar atentos a los Churchill, ¿no?
Asentí y solté un suspiro mientras miraba a mis amigos.
—Eso parece —murmuré—. Como si fuera novedad. Siempre estamos enfrentándonos a los Churchill, primero a Levi y ahora al resto de su familia.
—No vamos a dejar que se te acerquen —dijo Erik, dedicándome una sonrisa tranquilizadora—. No son nada contra la Manada Creciente Plateado, somos tu familia y vamos a protegerte.
—Gracias, pero no todos piensan igual.
—¿Te refieres a que algunas chicas quieren oponerse a que seas la Luna? —preguntó Nan—. Vas a ser una Luna increíble.
Un nudo de nervios se formó en mi estómago.
—La mitad de la manada cree que no estoy preparada —admití.
—Y esa es la mitad que no te conoce —respondió Irene, cruzándose de brazos—. Yo voy a ayudarte a convertirte en la mejor Luna posible. Créeme... no van a saber qué los golpeó cuando vayas con todo.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Seduciendo al suegro de mi ex